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Tarrazú History after 1950 (In Spanish)

 

Mr. Wilson Picado addresses a very important part of our early coffee related history with the following paper.


"Cambio tecnológico y agricultura de ladera en las tierras del suroeste de Costa Rica. 1950-1998."

Wilson Picado U.

V Congreso Centroamericano de Historia.

 julio de 2000.

 I.Esta es una ponencia sobre el cambio tecnológico en la producción agrícola. Es el resultado preliminar de un estudio mayor acerca de la transformación que experimentó la agricultura del cantón de Tarrazú, al suroeste de Costa Rica, entre 1950 y 1998. Su objetivo principal es caracterizar el modo diferenciado como los campesinos locales adoptaron las innovaciones técnicas derivadas de la Revolución Verde. En especial, es un estudio sobre la tecnificación de la producción cafetalera de Tarrazú en el período en mención. Su estructura es simple. En el primer punto se describen las características geográficas del cantón y en el segundo se revisa la evolución de esta agricultura entre 1950 y 1970. En los puntos tercero y cuarto se sintetizan los cambios ocurridos en los períodos 1970-1980 y 1980-1998. Como es la norma, en la última parte se presentan las conclusiones del artículo.

II. Características generales de Tarrazú.

Las tierras de Tarrazú se localizan al suroeste de San José, la capital de Costa Rica. Se ubican entre las coordenadas 09 36' 04'' latitud norte y 84 04' 00'' longitud oeste y abarcan cerca de 237.23 km2. El cantón pertenece a la provincia de San José y se divide administrativamente en los distritos de San Marcos (60 por ciento de la población total), San Lorenzo (al sur) y San Carlos, sobre las laderas del oeste.

Su geomorfología está constituida por dos unidades principales. La unidad de Origen Tectónico y Erosivo y la de Sedimentación Aluvial. La primera está compuesta por dos subunidades: la Fila Brunqueña y la Cordillera de Talamanca. La fila cubre los límites sur y oeste del cantón y se caracteriza por presentar fuertes pendientes. Es un sector muy lluvioso, con una precipitación anual que supera los 5000 m.m anuales. La Cordillera de Talamanca abarca el límite norte y este del cantón en los sectores correspondientes a los pueblos de San Pedro y Santa Rosa, respectivamente. En su interior presenta valles profundos con laderas de fuerte pendiente y divisorias angostas. La segunda unidad abarca el sector central del cantón e incluye los pueblos de San Marcos, El Rodeo, Guadalupe y San Lorenzo. La superficie es relativamente plana, afectada por un microrelieve de viejos canales fluviales y su origen corresponde al proceso de sedimentación generado por el río Pirrís (Parrita). La precipitación de esta área se estima entre los 1500 y los 2000 m.m anuales.

III. La década de los cincuenta: la transformación de una agricultura orgánica.

En 1950, los campesinos de Tarrazú cultivaban sus tierras bajo sistemas poco tecnificados y esencialmente orgánicos. La labranza era un proceso rústico y tradicional que contrastaba con los modos predominantes en las agriculturas del Valle Central de Costa Rica. En los censos agropecuarios, las estadísticas indicaban la ausencia casi total en el cantón de las innovaciones derivadas de la Revolución Verde, aún en la producción de café. En este cultivo, por ejemplo, mientras que en Tarrazú se aplicaban abonos químicos en un cinco por ciento de las fincas, a nivel nacional dicho promedio alcanzaba cerca del veinte por ciento. El contraste era todavía mayor si se comparaba el promedio cantonal con los promedios del cantón central de Heredia y con Goicoechea (San José). En estos cantones el 33 y el 46 por ciento de las fincas utilizaban fertilizantes químicos en sus plantaciones.

La dotación de tecnología agrícola no era más favorable. Únicamente el uno por ciento de las fincas contaba con energía eléctrica y los equipos de apoyo como tractores, arados de hierro y vehículos automotores no superaban entre todos las doce unidades para unas quinientas fincas. La carencia del utillaje técnico afectaba el incremento de los rendimientos por hectárea en casi todos los cultivos. El Censo Agrícola de 1955 comprobaba que Tarrazú tenía rendimientos inferiores al promedio nacional en la producción de granos básicos y café. Los rendimientos nacionales en el maíz y el café se aproximaban a los 315 kilogramos y las cinco fanegas por hectárea respectivamente, mientras que en la región estos eran de 210 kilogramos y 2.66 fanegas. Similares distancias prevalecían en la producción de arroz y frijol, aunque en el último la desigualdad era menos acentuada y suponía una diferencia de diez kilogramos menos en el rendimiento cantonal con respecto al nacional (133.8 kilogramos).


En las plantaciones de café se ilustraba el estado teórico en el que se encontraba la agricultura cantonal. Los sembradíos del grano estaban compuestos en su mayoría por la variedad arábigo. El tamaño de estas plantas (superior a los dos metros) y el uso de árboles grandes para sombra como el "guaba" (Inga spp) condujeron al manejo de densidades de siembra muy bajas, casi siempre inferiores a las mil plantas por hectárea. Los rendimientos por hectárea y la productividad física del trabajo durante la cosecha también eran modestos. Como lo indicaba simbólicamente un campesino, los cafetales "...se dejaban a la mano de Dios" y pocas veces producían más de ocho fanegas por hectárea y sólo un buen peón cosechaba más de seis u ocho cajuelas al día.

La producción era intensiva en el uso del factor trabajo. El calendario anual de labores era amplio y dejaba pocos espacios libres para un campesino que tuviese más de cinco hectáreas sembradas. Apenas terminada la cosecha, en enero o febrero, los agricultores efectuaban la "poda" o eliminación de los tallos, para continuar en mayo con la limpieza de la sombra ("lumbrea") y cerrar con la "raspa" (o limpieza del suelo) entre octubre y noviembre de cada año. Otras prácticas se realizaban irregularmente. Estos eran los casos de la "media luna" y la "gaveta tapada". La primera era común encontrarla en las laderas más empinadas. La "gaveta tapada" reproducía en forma natural la fertilidad del suelo mediante la acumulación de abono orgánico proveniente de la putrefacción de las malezas y las hojas acumuladas en un hoyo. Era una práctica generalizada en el cantón y algunas veces su función fertilizante se complementaba con la distribución de las deyecciones del ganado entre las plantas y de los restos de la caña molida ("bagazo") traída desde los trapiches.

Los granos básicos y la ganadería se producían bajo un modelo regionalizado. Los campesinos preferían sembrar el maíz y los frijoles en las laderas montañosas del sur de Tarrazú. Allí los bosques permitían el desarrollo de barbechos más o menos largos, el suelo reproducía naturalmente su fertilidad y los sembradíos deparaban rendimientos por hectárea superiores a los obtenidos en las tierras centrales del cantón (Zona Intermedia). Los ganaderos también llevaban sus hatos a este sector, pues avanzando hacia el sur encontraban mejores pastos que los de la Zona Intermedia. De esta forma, se aseguraban no sólo una mejor nutrición para sus animales, sino que además intensificaban el uso de sus tierras, mediante el manejo de una carga animal por hectárea superior a la unidad. 

- Los momentos y las características del cambio tecnológico.

El cambio técnico se desarrolló en todo sentido como un proceso desigual. Las nuevas variedades de cultivo y los insumos químicos rompieron la imagen tradicional y orgánica de la labranza campesina, pero lo hicieron de una manera diferenciada a través del período. El incremento de los rendimientos por hectárea y de la misma productividad del trabajo se lograron de distintas formas entre los campesinos y sobre todo, en distintos momentos.

Estas fueron diferenciaciones que surgieron de procesos económicos, sociales y culturales complejos. La geografía, el poder adquisitivo de los agricultores y su relación con las instituciones públicas y privadas fueron variables que se correlacionaron continua y diferenciadamente. En nuestro modelo explicativo, la incidencia de cada una de ellas a menudo varió dependiendo del tiempo y del espacio. No obstante, es hasta cierto punto claro que el factor económico se constituyó en el eje dinámico de la desigualdad. Los primeros campesinos que adoptaron las innovaciones y que obtuvieron los beneficios a corto plazo fueron aquellos que contaron con un mayor poder adquisitivo. Ellos fueron quienes dispusieron del capital suficiente para adquirir por completo la tecnología, así como para mantener su aplicación (o adopción) de un modo regular.

Este era el caso de los Cafetaleros con ganadería de la Zona Intermedia. En 1955, éstos no representaban más de un cinco por ciento de los campesinos del cantón, sin embargo, mostraban características productivas que los distinguían con notoriedad de los demás. Todos poseían vehículos automotores, eran dueños de carretas y trapiches y algunos incluso poseían sistemas propios de generación eléctrica. Su poder adquisitivo estaba respaldado con la generación de productos netos por hectárea superiores a los de la mayoría de los agricultores de Tarrazú (Ver Gráfico 1). Sus fincas, por otra parte, estaban ubicadas cerca de los centros urbanos y en los sectores planos o con pendientes menos pronunciadas.

Ellos entraron en contacto con la tecnología de la Revolución Verde desde los años cincuenta. En los primeros años de la década, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (en adelante MAG) instaló una agencia de extensión agrícola en el cantón y en conjunto con el STICA (Servicio Técnico Interamericano) promocionaron las innovaciones en boga. En las fincas de estos campesinos las entidades mencionadas efectuaron las primeras siembras con variedades de café modernas como el híbrido y se practicaron nuevos métodos para "podar" las plantas. También incentivaron el uso de los fertilizantes químicos y en menor medida impulsaron el mejoramiento genético de los hatos de ganado vacuno.

El cambio tecnológico se concentró sobre sus plantaciones de café. La ganadería quedó relegada a un segundo plano. En el grano, las innovaciones alteraron el uso de los factores de producción. El cultivo de la variedad híbrido acentuó el aprovechamiento de la tierra gracias al manejo de densidades de

Gráfico 1. Distribución del producto neto entre los campesinos de Tarrazú en 1955 (Según muestra diseñada)

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Simbología: I = Cafetaleros especializados, II = Productores de granos y café, III = Productores de granos, IV = Productores de granos, caña y ganadería, V = Cafetaleros con ganadería, VI = Cafetaleros con ganadería de la Zona Intermedia, VII = Productores policultivistas con ganadería, VIII = Ganaderos especializados.

Fuente: cálculos personales a partir de la Base de datos del Censo Agrícola de 1955 elaborada por la Escuela de Historia de la Universidad Nacional.

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siembra de entre 1500 y 2000 plantas por hectárea. El uso del factor capital se intensificó mediante el acrecentamiento de los costos de producción por hectárea, ahora compuestos en un porcentaje mayor por el gasto en agroquímicos. Los efectos de los cambios sobre el factor trabajo fueron más complejos. En la fase de cultivo no hubo variaciones significativas sobre los requerimientos anuales de mano de obra en una hectárea con café. La sustitución de la limpieza manual del suelo por la química (herbicidas) conllevó un ahorro de trabajo que fue balanceado parcialmente con el incremento de los días requeridos para "podar" y "deshijar" las plantaciones, dado el aumento del número de cafetos sembrados por hectárea. Las laderas, por su parte, obstaculizaron la aplicación de los fertilizantes químicos y atenuaron el ahorro de días resultante de la supresión de prácticas intensivas en mano de obra como la "gaveta tapada".

Por otra parte, el cambio tecnológico incrementó la demanda de mano de obra durante la fase de cosecha. El cultivo del híbrido y la fertilización química duplicaron los rendimientos por hectárea con respecto a los vigentes en los sembradíos de la variedad arábigo. Como se detallará más adelante, este incremento fue porcentualmente mayor al aumento de la productividad física del trabajo en la cosecha, con lo cual se acrecentaron los requerimientos de mano de obra para recolectar la producción de una hectárea del grano. Esta demanda fue solventada en la contratación de peones del mismo cantón y de otros provenientes de los pueblos de Santa María de Dota.

La tecnificación aumentó la rentabilidad económica de las plantaciones de café. La duplicación de los rendimientos disparó hacia arriba el producto neto que se extraía de una hectárea, a pesar del incremento de los costos de producción derivado del gasto en agroquímicos. Los calendarios de trabajo variaron poco y como consecuencia la productividad del trabajo en un sembradío con la variedad híbrido casi se duplicó en comparación a otros donde predominaba el arábigo. (Ver Tabla 1)

Los campesinos menos pudientes tardaron diez o más años en adoptar las innovaciones que los Cafetaleros con ganadería de la Zona Intermedia implementaron desde los cincuenta. En los primeros, el cambio tecnológico, además de tardío, se mostró irregular y discontinuo. Los agricultores tenían estrechos márgenes de acumulación y en consecuencia, su capacidad de inversión era limitada y a veces ínfima. Debe reconocerse que, a pesar de lo anterior, su modelo de tecnificación se desenvolvió como un proceso dinámico y versátil, donde en particular el apoyo institucional (estatal y privado) jugó un papel de primer orden. Muchos de estos campesinos conocieron las nuevas técnicas a través de la difusión que realizaba la Agencia de Extensión Agrícola (MAG) en alianza con el STICA. También mediante la participación en las charlas masivas que estas entidades organizaban con la municipalidad en el teatro o en el salón comunal del pueblo. Otros cuantos recibieron asesoría técnica de los agrónomos contratados por la cooperativa de productores de café. La cooperativa, aparte de la extensión técnica, organizaba giras con sus socios a regiones donde el cambio tecnología mostraba sus efectos positivos, como era el caso de los cantones cafetaleros de Heredia.

Tabla 1. Producto neto (pn) por hectárea y por día de trabajo en la variedades arábigo e híbrido en Tarrazú en 1955 (en colones de 1955).

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variedad

pn/hectárea

pn/día de trabajo

 

arábigo

2513

18.8

híbrido

4711.8

36.8

 

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Donde:

Rendimientos por hectárea: arábigo=8 fanegas / híbrido=15 fanegas.

Precio de liquidación por fanega: 314.12 colones de 1955.

Cantidad de días al año requeridos por una hectárea en 1955: arábigo=134 / híbrido=128.

El cálculo del pn en la variedad arábigo no toma en cuenta el gasto en insumos químicos, pues se supone que la producción era esencialmente orgánica.

Fuente: cálculos personales a partir de entrevistas realizadas a agricultores del cantón. El precio de liquidación fue extraído de las Memorias Anuales del Banco Nacional de Costa Rica de los años 1955, 1956 y 1957.

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La difusión institucional fue correspondida con una actitud abierta e inventiva entre los agricultores. Si su mayor limitación era el estrecho poder de compra, en distintos momentos y bajo diferentes formas, los mismos activaron estrategias con las cuales aumentaron sus ingresos económicos. De esta forma, en sus fincas se adoptaban cuando menos de manera parcial las innovaciones. Así por ejemplo, los campesinos recurrieron al crédito formal e informal para acrecentar los márgenes de inversión. En los sesentas el mercado crediticio local era bastante amplio. Entonces se podía obtener financiamiento en las Juntas Rurales de Crédito, en la cooperativa, en el Beneficio de Tobías Umaña y entre los prestamistas particulares del pueblo.

Otra modalidad consistía en vender temporalmente su mano de obra. Los agricultores que contaban con espacios libres en los calendarios anuales trabajaban por días en las fincas grandes como la Hacienda de Tobías Umaña. Ellos se empleban durante las épocas con "picos de trabajo", como los meses en que se fertilizaba o se "deshijaba". Los campesinos policultivistas, por su parte, tenían la exclusividad de una tercera opción: la venta de dulce, granos básicos y carbón en el mercado cantonal y regional. Al respecto, "...la caña era un negocio malo", recordaba uno de nuestros entrevistados, "...pero con ser de que era un negocio malo, como uno no se ponía sueldo,.. vendía uno un poquillo de dulce y eso le servía para asistir unas matas de café y sembrar [ otras] "

Los ingresos adicionales mejoraron la dotación técnica de los productores. No obstante, todavía eran insuficientes para que su tecnificación fuera regular y plena. El modelo de adopción asumió de esta manera, una dinámica mixta. Los menos pudientes no resembraron por completo sus cafetales con la variedad híbrido, sino más bien la entremezclaron con la arábigo y paulatinamente aumentaron su cobertura. Tampoco aplicaron las dosis recomendadas de agroquímicos, sino más bien esparcían la mitad o la tercera parte de los fertilizantes que los técnicos les indicaban. En los momentos difíciles, como los años en que bajaban los precios del café, los campesinos disminuían (o eliminaban) la aplicación y muchas veces la sustituían por fertilizantes orgánicos que compraban en el comercio local.

IV. La transición al modelo caturra durante la década del setenta (1970-1982).

Entre 1950 y 1970, el aumento de los rendimientos fue el efecto más evidente que produjo la adopción del cambio tecnológico. El cultivo de las nuevas variedades y el uso de los insumos químicos duplicaron tales promedios en la mayoría de las actividades agrícolas de Tarrazú. En la caña de azúcar y en el café provocaron aumentos del orden del 300 y del 150 por ciento, respectivamente. En el maíz y el frijol, aunque la tecnificación fue marginal en comparación al café, los acrecentamientos fueron significativos, pues se acercaron al 80 y al 100 por ciento. Sin embargo, los datos agregados resultaban parcialmente engañosos. La caña de azúcar y los granos básicos aumentaron su producción por hectárea, pero todavía no alcanzaban siquiera a los promedios nacionales. En el maíz y el frijol, los rendimientos cantonales eran entre un 20 y un 40 por ciento inferiores, mientras que en la caña la producción por hectárea era apenas una tercera parte del promedio nacional. En el mismo café persistía una diferencia de un 20 por ciento entre el agregado cantonal y el nacional.

En particular, los datos simplificaban la dinámica del cambio técnico en la producción de café. La duplicación de los rendimientos, de 6.6 fanegas a 15 fanegas entre 1963 y 1973, escondía el modo excluyentemente dinámico como se desenvolvió el proceso entre los campesinos. Como era obvio, la información censal hablaba de aumentos de la producción en un sentido lineal, pero no incluía los ascensos, las fluctuaciones y las rupturas que se mostraron al interior de las fincas. Los censos no daban cuenta de los distintos tiempos mediante los cuales se desenvolvió el cambio tecnológico en la agricultura cantonal.

1. Caturra y agroquímicos: la acentuación tecnológica entre los Cafetaleros con ganadería de la Zona Intermedia.

En 1970 persistían las desigualdades en la dotación tecnológica entre los campesinos de Tarrazú. Los agricultores menos pudientes adoptaron de forma parcial e irregular las innovaciones que los Cafetaleros con ganadería implementaron desde los años cincuenta. El paisaje de las plantaciones de los primeros era diverso y mixto. En los cafetales se denotaba la permanencia de sistemas de cultivo tradicionales, como el uso de sombra con árboles mayores y el cultivo de la variedad arábigo. Estos elementos se combinaban en una misma parcela con la siembra del híbrido y la fertilización química esporádica, asimismo, con el uso de las terrazas en las laderas pronunciadas y el incremento de la densidad de siembra. Las diferencias eran mayores si se comparaba el estado técnico de los Cafetaleros con ganadería con el de los campesinos residentes en las zonas de las Tierras Altas, de Expansión del Café y de las Tierras Bajas. Las tres zonas tenían agriculturas poco modernizadas que continuaban siendo, en términos generales, esencialmente orgánicas y manuales. La siembra de mejores variedades y el uso de agroquímicos eran prácticas que sólo las aplicaban los agricultores más capitalizados. El resto de campesinos se mantenía al margen de la tecnificación.

En 1975, la mayoría de los Cafetaleros con ganadería adoptaron la variedad caturra y ampliaron el paquete de insumos químicos. Estas dos variaciones estaban altamente interrelacionadas. El caturra, de porte más pequeño que el arábigo y el híbrido, permitió una duplicación y casi una cuadruplicación de las densidades de siembra por hectárea de sus predecesoras . El cultivo de la variedad conllevó el aumento de las dosis aplicadas de químicos sobre los sembradíos. Las características biológicas de las plantas exigieron que los campesinos fertilizaran tres veces al año los cafetales. También requirieron de mayores cuidados fitosanitarios mediante la distribución de los plaguicidas y de los fungicidas.

Estos cambios se desarrollaron de manera paulatina. Sus efectos a corto plazo fueron el aumento de los rendimientos por hectárea y el crecimiento de la productividad física del trabajo de cosecha. El rango de variación del rendimiento del caturra se sitúo entre las 30 y las 40 fanegas por hectárea, con lo cual superaba en tres y en dos veces los márgenes promedio del arábigo y del híbrido. La productividad en cuestión, por su parte, se incrementó en una tercera parte con relación al promedio vigente para las plantaciones con arábigo.

El desenvolvimiento diferenciado de ambas productividades implicó el acrecentamiento de la demanda de mano de obra durante la cosecha del grano. El Gráfico 2 resume los cálculos realizados con datos promedio para cada variedad y tomando al arábigo como base (base = 100). Su observación evidencia que el porcentaje de aumento de los rendimientos por hectárea entre éste (arábigo), el híbrido y el caturra fue siempre superior al porcentaje referido a la productividad física del trabajo. Tal relación determinó que la curva de la necesidad de mano de obra por hectárea se mostrará siempre creciente en el plano.

Las mayores cosechas fueron recogidas utilizando mano de obra del cantón y de los pueblos de Santa María de Dota. Posteriormente, en las grandes fincas como la Hacienda de Tobías Umaña se fueron incorporando recolectores de café procedentes de los cantones de Pérez Zeledón y Coto Brus, al sur del país. Estas eran familias que inmigraban temporalmente a Tarrazú para los meses de cosecha, entre diciembre y febrero. Su presencia en el cantón, desde el punto de vista teórico, era más que significativa. Era una prueba de la elevada posición que ocupaban los campesinos más pudientes de Tarrazú en el umbral regional de la reproducción. El cambio tecnológico no sólo resaltaba sus diferencias con el ámbito interno, sino que también las extendía hacia el ámbito regional e incluso nacional.

 

Gráfico 2. Estimación comparada de los rendimientos por hectárea, la productividad física del trabajo (cosecha) y los requerimientos de mano de obra durante la cosecha en tres variedades de café (Tarrazú)

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Donde:

arábigo

híbrido

caturra

rendimiento (kgs/ha)

2000

5000

8750

productividad física del trabajo de cosecha (kgs/día)

100

187.5

250

requerimiento de trabajo en la cosecha (días-hombre/ha)

20

27

35

Fuente: cálculos personales a partir de entrevistas realizadas a productores del cantón.

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 Las innovaciones no alteraron en mayor medida la demanda de mano de obra en la fase de cultivo. Como sucedió con el híbrido en los cincuentas y sesentas, la adopción del caturra y el mayor uso de los químicos variaron en forma moderada los calendarios de trabajo. Sus efectos fueron más evidentes sobre los factores de la tierra y el capital. Las plantaciones de la nueva variedad eran más densas y los campesinos incrementaron sus costos de producción como resultado del mayor gasto en agroquímicos y de las depreciaciones derivadas de la adquisición de herramientas y equipo agrícola.

La tecnología reafirmó la tendencia creciente de la productividad del trabajo. Los agricultores consolidaron su poder adquisitivo e incluso lo ampliaron durante las épocas de precios altos en el café, como la extraordinaria coyuntura de 1976-1979 . La década de los setenta para estos campesinos fue un período de expansión en todo sentido: su dotación técnica se acrecentó y se consolidó, mientras que sus plantaciones, además de intensificarse desde el punto de vista tecnológico, se agrandaron con rapidez.

El café se constituyó en su eje de acumulación. El grano consolidó su aporte mayoritario sobre los ingresos totales y acaparó por lo tanto, los mayores porcentajes de inversión en tecnología y trabajo. La ganadería se mantuvo como una actividad complementaria. Los campesinos mejoraron la composición genética de los hatos de un modo lento e irregular y sólo en casos aislados se preocuparon por sustituir los pastos locales con variedades mejoradas. No todos manejaban sistemas de rotación de los potreros, mientras que la nutrición con alimentos concentrados y la vacunación no eran prácticas que los campesinos aplicaran sistemáticamente.

 

2. Las migraciones internas: expresiones de la desigualdad del cambio tecnológico.

En los años setenta, la tecnificación local se presentaba como un proceso discontinuo y diacrónico. En esa década, en menos de 300 km2 coexistían tres modos diferentes de producir la tierra. En términos simplificados, desde el punto de vista técnico eran tres realidades circundantes entre sí, pero algunas veces marcadamente distintas. Cada una de ellas correspondía con grupos de campesinos que evolucionaran de modo diferenciado desde la llegada de las primeras innovaciones en la década del cincuenta.

Primero sobresalía la realidad de los sistemas de cultivo quimizados. Estos eran propiedad de los Cafetaleros con ganadería y se ubicaban casi todos en fincas cercanas a los principales núcleos urbanos del cantón, como San Marcos y San Lorenzo. Los hemos descrito con amplitud en las páginas anteriores. Su tecnificación fue temprana con respecto al ámbito cantonal. En poco más de veinte años transformaron sus técnicas de producción, dando el salto desde un modelo tradicional (el arábigo) a otro quimizado (el híbrido) y finalmente al modelo caturra, donde se acentuaron las innovaciones del segundo modelo. La transición fue intensa y les permitió acrecentar su productividad del trabajo con cierta rapidez. Como consecuencia, se impulsaron hacia arriba en el umbral de la reproducción y se colocaron en una posición favorable con respecto al resto de los caficultores cantonales e incluso regionales.

La segunda realidad era la de los campesinos que adoptaron la tecnología de un modo irregular y con una tardanza de diez o más años con relación a los anteriores productores. Esta era una realidad compuesta por agricultores de todo tipo. Se destacaban desde pequeños cafetaleros especializados (-cinco hectáreas) hasta otros que producían el grano junto a la caña, el maíz y los frijoles y hatos de ganado no mayores a las diez cabezas. En su mayoría se trataba de residentes de la Zona Intermedia quienes se involucraron en la tecnificación gracias a la difusión estatal y cooperativa. Los resultados que obtuvieron con el cambio técnico también eran diversos. En algunos casos fueron positivos y provocaron que los campesinos se especializaran por completo en el cultivo del café y desestimaran la producción de las otras actividades. En otras situaciones, la dispersión esporádica de los abonos químicos y la sustitución lenta de las plantas de arábigo retardaron los beneficios derivados del incremento de su productividad del trabajo. Muchos de estos agricultores mantuvieron sus sistemas policultivistas y los reforzaron como una manera no sólo de alcanzar una ocupación plena de su mano de obra, sino que también de diversificar sus ingresos y no depender con exclusividad del café.

La tercera era la realidad marginal del cambio tecnológico. La misma estaba conformada por campesinos procedentes de todas las zonas, pero principalmente de las zonas de Expansión del Café, Intermedia Quebrada y de las Tierras Bajas. Sus técnicas de labranza eran manuales y orgánicas. No utilizaban insumos químicos y atendían plantaciones con variedades de cultivo tradicionales tanto en el café como en los granos básicos y la caña de azúcar. Su atraso tecnológico debe reconocerse, estaba relacionado en alguna medida a su contexto geográfico. Estas eran tierras poco aptas para el café, cultivo sobre el cual giró la tecnificación local. Todavía allí los bosques eran extensos y los campesinos podían reproducir la fertilidad de una forma natural mediante el desarrollo de sistemas de barbecho. Sus pastos estaban siempre verdes pues la precipitación anual superaba con facilidad los 3000 m.m. Ni los abonos químicos ni las semillas mejoradas de pasto aparecían como innovaciones inducidas por el medio. Pero también hubo en factor de tipo institucional. Estas zonas fueron poco visitadas por los técnicos del MAG y de la cooperativa. Los malos caminos y las mismas condiciones agroecológicas atrás mencionadas obstaculizaron la extensión técnica y motivaron que ésta se concentrara sobre la Zona Intermedia.

Ahora bien, ¿cuáles fueron las consecuencias sociales y económicas que se derivaron de la existencia de estas realidades? Dicho en un sentido más específico, ¿cómo se manifestaron tales realidades sobre la estructura social y económica del cantón?

La tecnificación de la agricultura de Tarrazú, en especial la cafetalera, se desarrolló como un proceso excluyentemente dinámico. Entre los años cincuenta y sesentas, los agricultores que adoptaron las innovaciones de forma más temprana y exitosa fueron aquellos que disponían de un mayor poder adquisitivo. Esto quedó comprobado con la caracterización de los Cafetaleros con ganadería de la Zona Intermedia. Pero la carencia de capital no obstaculizó por completo la modernización de los campesinos menos pudientes. En estas décadas, los mismos implementaron diversas estrategias con el objetivo de acrecentar sus ingresos. Exitosamente, aunque de un modo tardío y en ocasiones irregular, mediante la tecnología incrementaron su productividad de trabajo y mejoraron su posición en el umbral de la reproducción con respecto a su ubicación diez o veinte años atrás, cuando manejaban sistemas de cultivo orgánicos.

El capital se constituyó en un elemento impulsor del cambio tecnológico. Pero no fue un factor que excluyera mecánicamente del proceso a aquellos que lo dispusieron sólo en acervos medianos o reducidos. Debe reconocerse sin embargo, que no todos los campesinos poco pudientes lograron atenuar su carencia de capital mediante las estrategias antes mencionadas. Muchos de ellos adoptaron la tecnología de un modo marginal y no alcanzaron los rendimientos requeridos para elevar su productividad del trabajo. Otros, en una situación extrema, se estancaron en los sistemas de cultivo tradicionales y llegaron a la década de los setenta con rendimientos por hectárea de la mitad o menos que los vigentes en los sistemas quimizados.

La tecnología para ellos no fue una herramienta para ascender en el umbral de la reproducción. La mayoría de estos agricultores optaron por la emigración como una ruta para mejorar su posición socioeconómica. Fueron ellos los que nutrieron los flujos emigratorios que se dieron en Tarrazú durante la década de los setentas. La instalación en la ciudad, generalmente San José, la capital de Costa Rica o la compra de tierras en el sur del país eran estrategias algunas veces drásticas o simplemente opcionales para mejorar el futuro económico de sus núcleos familiares.

En el Censo de Población de 1973 se daba cuenta de estos migrantes. Según las estadísticas, en el periodo de 1968 y 1973 salieron de Tarrazú 1.333 personas, cerca de un diecisiete por ciento de la población total en 1973. Esta cantidad era el triple del numero de inmigrantes que llegaron el cantón durante el mismo lapso. El grueso de los emigrantes se dirigieron hacia San José (capital) y Cartago. Otro tanto emigró hacia Pérez Zeledón y Coto Brus, en la zona sur de Costa Rica. El resto de los migrantes se esparcieron por todo el país: desde aquellos que se trasladaron al interior de la misma región de los Santos, hasta los que alcanzaron las tierras de la costa del Pacífico.

La dinámica migratoria rural-urbana tomó las características típicas del fenómeno en el resto de los países latinoamericanos. Los campesinos viajaron a las ciudades para insertarse en el mundo laboral de la industria y en menor medida de los servicios. La rural-rural, por su parte, era un tanto más compleja. La migración era asumida por los agricultores de diversas formas. Para un pequeño productor poco capitalizado (dos o tres hectáreas con café) la instalación en la periferia de Pérez Zeledón, por ejemplo, era la oportunidad para comprar una propiedad más grande que la de Tarrazú, dada la diferencia en los precios de la tierra entre ambos lugares. Esa misma adquisición para un mediano productor (cinco o seis hectáreas con café) era la vía mas sencilla para agrandar territorialmente sus posiciones y así propiciar sistemas de herencia favorables al interior de su familia. Finalmente, el diferencial de precios le ofrecía a los campesinos desposeídos la ruta más factible para adquirir tierras, aun cuando las mismas estuvieran ubicadas en las regiones más alejadas e indómitas del sur de Costa Rica.

 

La expansión del café: la evolución de la agricultura cantonal durante los últimos veinte años 1980-1998.

Entre 1950 y 1984, el paisaje de Tarrazú se transformó de un modo progresivo. En los años ochenta los cafetales se expandieron por toda la Zona Intermedia y avanzaron hacia las laderas de la Zona Intermedia Quebrada. El empuje del grano era evidente. En solo veintiún años, entre 1963 y 1984, el cultivo casi dobló el tamaño de sus plantaciones al pasar de unas 900 hectáreas a poco más de 1700. También eran más los campesinos que lo cultivaban. En el mismo período la cantidad de fincas productoras del grano aumentó de 480 a 887.

Los cafetos ocupaban antiguos sembradíos de granos básicos y de caña de azúcar. El crecimiento cafetalero contrastaba con la evolución mostrada por estos cultivos. En 1984, la caña se producía sólo en un centenar de fincas y no cubría mas de cien hectáreas. En el mismo año, el maíz y los frijoles se cultivaban en unas trescientas fincas pero los dos sumados no abarcaban más de quinientas hectáreas de sembradíos.

En la década de los ochenta la producción se regionalizó, tal y como se daba treinta años atrás con los sistemas de cultivo orgánicos. Los pastos y los cafetales predominaron en las tierras de las zonas Intermedia, de las Tierras Altas y de Expansión del Café. En ellas se insertaban pequeños cañales junto a las casas de habitación, además de los charrales y tacotales que crecían en las laderaras más empinadas. El cultivo del maíz y del fríjol se trasladó hacia la Zona de las Tierras Bajas y el suroeste de la Zona Intermedia Quebrada. Allí era difícil reconstituir naturalmente la fertilidad del suelo, pues los campesinos habían deforestado casi por completo la región. No obstante, aún los suelos no estaban tan degradados como los de la Zona Intermedia y la producción de los granos brindaba rendimientos cuando menos superiores al promedio cantonal.

La dinámica geográfica de la producción estaba correlacionada con el cambio tecnológico. El decrecimiento territorial de los granos y de la caña era

correspondiente con el estancamiento (o la disminución) de sus rendimientos por hectárea entre 1973 y 1984. En estos cultivos, los agricultores adoptaron las innovaciones de una forma irregular, pues prefirieron invertir en la tecnificación del café. Ninguna de ellos les produjo incrementos de su productividad del trabajo como lo hizo el grano y como consecuencia, poco a poco redujeron su presencia territorial dentro de las fincas. A partir de este momento, el costo de oportunidad jugó un papel determinante en la evolución de la agricultura en Tarrazú.

1. La década del ochenta y del noventa: los años de la expansión del café.

Entre 1974 y 1995 no parece existir correlación alguna entre el crecimiento de la producción de café en Tarrazú con la dinámica nacional ni la evolución de los precios internacionales del grano (Ver Gráfico 3). Mientras que en los dos últimos se muestra una tendencia al estancamiento y al decrecimiento respectivamente, en el primero el comportamiento es notoriamente alcista. Para dar un ejemplo, en los años posteriores a la crisis de los precios en 1989 (1989-1994) la producción cantonal se acrecentó en más de cien mil fanegas. En la larga duración las diferencias también eran diferentes. Entre las cosechas de los años 1974-1975 y 1992-1993 mientras que la producción nacional se duplicó, en Tarrazú la misma prácticamente se sextuplicó.

- Las características de la expansión: ¿hacia adónde? ¿quiénes? ¿cómo? y ¿por qué?

El crecimiento de los cafetales se desarrolló junto a la implementación de cinco variaciones fundamentales en los sistemas de cultivo. A saber: primero, los campesinos ampliaron su paquete químico, pues no sólo aplicaban los fertilizantes y los herbicidas, sino que también generalizaron el uso de los funguicidas, los nematicidas y la cal. Luego sustituyeron los sistemas de sombra con musáceas y árboles grandes por otros que utilizan distintas variedades de poró (Eritrina poeppigiana). El uso de árboles de menor cobertura como la variedad mencionada

Gráfico 3. Crecimiento porcentual de los precios (dólares constantes) y la producción de café en Costa Rica y Tarrazú entre 1974 y 1995 (1974=base 100).

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Fuente: Producción de café: ICAFE. Precios: Commodity Trade and Price Trends y Banco Mundial.

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posibilitó un incremento de las densidades de siembra, sobre todo en los sitios menos quebrados: en algunos casos, no generalizables a todo Tarrazú, tal promedio superó las cuatro mil plantas por hectárea. El cuarto cambio fue el cultivo de la variedad Costa Rica 95 en los sectores más altos del cantón (arriba de los 1800 m.s.n.m.) principalmente en aquellos donde la nubosidad era casi permanente y las temperaturas eran menores a la media cantonal. Finalmente, los campesinos generalizaron el uso de las terrazas en las laderas pronunciadas. Dicha practica mejoró la productividad física del trabajo en la fase de cultivo y de cosecha e incrementó con moderación las densidades de siembra en las secciones más empinadas.

- Los frentes de expansión: el ejemplo de la Zona de Expansión del Café.

El grano se extendió con mayor fuerza hacia el sur del cantón. La Zona de Expansión del Café constituye, por así decirlo, la materialización de dicho proceso. Como se detalla en el Mapa 1. la misma se extiende desde el limite sur de las zonas Intermedia e Intermedia Quebrada hasta las partes más elevadas de la Zona de las Tierras Bajas. Es un frente de terrenos muy quebrados, hasta hace pocos años dominados por los pastizales (altos y bajos), los charrales y los tacotales.

No todos los agricultores participaron (participan) de este proceso. En dicha zona, la siembra de los nuevos cafetales estuvo en manos de los agricultores con los ingresos mas altos del cantón y en menor medida, de aquellos que se ubicaban en posiciones intermedias. Muchos de los campesinos más pudientes son descendientes de los Cafetaleros con ganadería que se tecnificaron desde la década de los cincuenta. Otros son cafetaleros que se expandieron de manera extraordinaria durante la década de los ochenta y que hoy en día se encuentran al tope de la estructura social del cantón. Otros que nutren la expansión son campesinos que emigraron temporalmente a los Estados Unidos de América o bien que todavía residen allá. Para ellos la estadía en Norteamérica constituyó la oportunidad para acumular un pequeño capital e invertirlo en la compra de tierras en Tarrazú. El éxito de la migración consolidó la posición económica de algunos, pero a otros, originalmente pobres, los impulsó hacia al ascenso en el umbral de la reproducción.

No todos estos campesinos acrecentaron sus cafetales de la misma forma. Los menos pudientes lo hicieron de manera paulatina, pues generalmente compraron pequeñas parcelas con charrales y tacotales. Poco a poco limpian los terrenos, los preparan y los siembran de cafetos. La expansión entre los campesinos ricos es más acentuada y lejos de darse mediante el cultivo de terrenos reducidos (una o dos hectáreas) ocurre con base en la incorporación anual de parcelas superiores a las tres hectáreas. Sus nuevos sembradíos, además de extensos, son trabajados con el paquete químico completo y con todas aquellas recomendaciones técnicas que le aseguren al agricultor un desarrollo vigoroso de las plantas.

2. ¿Expansión del café en medio de precios decrecientes?

El Gráfico 4. representa la evolución del Producto Bruto (pb) y del gasto en agroquímicos por hectárea en Tarrazú entre 1950 y 1998. Tomando en cuenta que está construido con base en datos promedio, de su lectura pueden desprenderse las siguientes observaciones. Primero, a largo plazo, la productividad económica (medida a partir del saldo pb-agroquímicos) de una hectárea de café en Tarrazú en 1993, disminuyó con relación a 1980, 1974 e incluso 1955. En valores constantes de 1989, sólo se mantuvo equivalente a una hectárea sembrada con la variedad arábigo bajo un manejo de la producción enteramente orgánico.

Segundo, existen dos razones fundamentales que explican este decrecimiento. Primero, a lo largo del período el gasto en agroquímicos se acrecentó continuamente, empujando hacia arriba los costos de producción. En efecto, mientras que en una plantación con híbrido de la Hacienda de Tobías Umaña en 1960, por ejemplo, se aplicaban no más de diez quintales de abono, en los noventa un cafetalero especializado (tres hectáreas) de la Zona de Expansión del Café aplicaba cerca de 75 quintales anuales. Tercero, es evidente también que la reducción del saldo pb-agroquímicos estaba estrechamente ligado al descenso comparado de los precios internacionales del grano. En dólares constantes, el precio del café en 1992, por ejemplo, representaba poco menos de una quinta parte de los vigentes en 1950 y 1955. Asimismo equivalía a un 36.6 y un 27.7 por ciento de las cotizaciones establecidas en 1974 y 1980.

Gráfico 4. Evolución del producto bruto y del gasto en agroquímicos por hectárea en Tarrazú entre 1955 y 1993 (en colones constantes de 1989).

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Donde:

El producto bruto para cada modelo fue calculado con base en los siguientes rendimientos por hectárea (en fanegas): arábigo=8, híbrido=15, caturra=30, caturra/catuaí=45.

Los precios de liquidación de 1950 y 1955 se extrajeron de las Memorias Anuales del Banco Nacional de Costa Rica y de entrevistas con los productores. Los correspondientes a 1974, 1980 y 1993 del Departamento de Liquidaciones del Instituto del Café.

Los precios de los agroquímicos en 1955 se obtuvieron de fuentes orales. Los de 1974 de Marín, Edgar "Costos de producción en la zona de Aserrí, Dota, León Cortés y Tarrazú". Departamento de Estudios Técnicos y Diversificación de la Oficina del Café. San José, Costa Rica, 1974. Los costos en agroquímicos de 1980 también provienen del ICAFE y los de 1993 de: Fonseca, Jorge "Planeamiento estratégico Subregión Los Santos". Centro agrícola Cantonal de Tarrazú, julio de 1993. Los costos en mención se refieren al nivel tecnológico más alto del cantón.

Fuente: cálculos personales.

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Ahora bien, estas disminuciones no conllevaron a contracciones equivalentes en el saldo pb-agroquimicos. En 1993, para citar un caso, este saldo era un 30 por ciento inferior al de 1980, aunque como se dijo, entre los dos momentos la diferencia de precios era casi un 70 por ciento. Tal atenuación ocurrió gracias a que el periodo en mención la finca modelizada incrementó sus rendimientos por hectárea en un 30 por ciento, aproximadamente. En esta situación, el éxito en la adopción de la tecnolog¡a se constituyó en un elemento de contención para los agricultores ante una tendencia a la baja del valor real de sus producciones.

Cuarto, en un sentido indirecto se puede afirmar que a través del período también decreció el producto neto por hectárea. Esto por cuanto en 1993 la depreciación de los equipos ténicos (herramientas, edificaciones o vehículos automotores) tenía un peso porcentual mayor en los costos de producción que en los años anteriores. Es decir que, si el margen de ganancia por hectárea disminuyó en términos del saldo pb-agroquimicos, es de suponer que dicha contracción sería mayor si se toman en cuenta las depreciaciones señaladas. Quinto, a partir de 1990 la expansión de las plantaciones constituye una estrategia para solventar parcialmente la reducción de los márgenes de ganancia por hectárea. Esto es, que los productores para mantener cierto promedio de ingresos requieren de una mayor cantidad de tierras cultivadas que las requeridas, por ejemplo, una década atrás. Esta dinámica es entonces, el principal factor que explica el crecimiento continuo de las  áreas cafetaleras en Tarrazú durante los noventa.

Este factor, sin embargo, tiene una doble funcionalidad. Su existencia no solo permite entender la expansión del grano en manos de los productores descritos en las paginas anteriores, sino que también ayuda a comprender las razones por las cuales campesinos poco capitalizados le venden sus tierras a los primeros y propician así, la expansión de éstos. Puede decirse entonces, que la contracción de los márgenes de ganancia por hectárea conlleva dos dimensiones distintas pero complementarias entre sí. Por un lado provoca que los campesinos más pudientes acrecienten sus cafetales para nivelar sus ingresos económicos con respecto a años con precios en promedios mayores. Por el otro, conduce a que agricultores con pocas perspectivas de crecimiento (propiedades con menos de tres hectáreas, rendimientos inferiores a las 30 fanegas por hectárea) opten por vender sus tierras para dedicarse a actividades comerciales en pequeña escala (el comercio detallista, por ejemplo), se transformen en asalariados (agrícolas o en el  área de los servicios) o bien combinen alguna de las anteriores alternativas con las rentas que generen los depósitos bancarios.

- ¿Otras alternativas de producción para los campesinos menos pudientes?

Para cafetaleros mediana y altamente capitalizados con más de diez hectáreas en producción, la expansión de las plantaciones representa una vía para atenuar la tendencia decreciente que experimentan los precios del grano desde 1989. Este acrecentamiento, en combinación al sostenimiento de rendimientos por hectárea superiores a las cuarenta fanegas, les ha permitido mantener su posición económica e incluso elevarla en el umbral de la reproducción.

La expansión no constituye una alternativa factible para los campesinos menos pudientes. Para contrarestar el impacto del descenso de los precios, tal y como se cita en el Gráfico 5., es necesario que los productores agranden sus plantaciones en más de un 50 por ciento. Esto parece bastante difícil que ocurra entre cafetaleros que apenas superan el umbral de la acumulación o incluso entre aquellos que presenten márgenes mínimos de acumulación. Esto debido sobre todo, al aumento que experimentaron los precios de la tierra durante los últimos años. En 1998, por ejemplo, una hectárea cultivada con café en la Zona Intermedia superaba los cuatro millones de colones. Este es un valor altamente variable, pues la presión que genera la expansión cafetalera aquí descrita es extraordinaria y da pie para que los campesinos especulen abiertamente con los precios. 

Gráfico 5. Producto bruto (pb) por hectárea en dos años con precios diferenciados: caso Tarrazú 1986-1992.

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Donde:

En las situaciones 1 y 2 rige un rendimiento por hectárea de 35 fanegas. En la situación 3: 45.

En colones de 1989, los precios de liquidación por fanega corresponden a: 1986 = 3449.4 / 1992 = 2079.3.

Situación 1: el producto bruto en 1986 es un 40 por ciento superior al de 1992, debido al diferencial de precios.

Situación 2: en 1992 para igualar el pb por hectárea de 1986, un agricultor debe acrecentar su plantación en un 60 por ciento y mantener rendimientos en los nuevos sembradíos de 35 fanegas por hectárea (modelo expansivo).

No parece factible igualar los índices exclusivamente a través de un incremento de la producción por hectárea, pues esto implicaría manejar rendimientos superiores a las 50 fanegas. Es consecuente suponer que los trastornos climáticos, entre otros factores, obstaculizarán cualquier intento por sostener la productividad sobre dicho nivel. Por otra parte, en Tarrazú una eventual intensificación de la producción (tecnificación) conllevará tres inconvenientes fundamentales. Primero, la agricultura de ladera tiene una limitación definida para el aumento de la densidad de siembra por hectárea. Segundo, una densidad de siembra sobre las 4000 plantas por hectárea puede favorecer la propagación de enfermedades y plagas entre los cafetos. Tercero, si se incrementa la aplicación de agroquímicos por hectárea (fertilizantes, sobre todo) más allá de las dosis recomendadas puede originarse un ciclo de rendimientos decrecientes de cada insumo utilizado.

Situación 3: la combinación de un acrecentamiento del 20 por ciento de la plantación con el incremento de un 30 por ciento de los rendimientos equipara los productos brutos (modelo expansivo-intensivo).

Fuente: Departamento de Liquidaciones del ICAFE.

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La intensificación en el uso de los factores productivos tampoco resulta una estrategia suficiente. En el anterior gráfico se detallan algunos inconvenientes técnicos subyacentes a la misma. Pero deben agregarse además, las limitaciones financieras inherentes. En 1993, según los datos de un consultor en la región, el costo del paquete químico completo requerido por una hectárea representaba cerca de la mitad del nivel de necesidades básicas vigente para dicho año.

Las estrategias para confrontar la baja de los precios se presentaron en un sentido excluyente. El modelo expansivo-intensivo de los productores más capitalizados no era generalizable. El mismo requería de un nivel de inversión que difícilmente podían alcanzar campesinos poco pudientes, propietarios de explotaciones cafetaleras de reducido tamaño (- tres hectáreas, por ejemplo). En este sentido, el contexto económico cantonal limitaba las rutas para que éstos lograran su reproducción ampliada mediante la especialización cafetalera, tal y como lo hicieron sus padres o hermanos veinte o treinta años atrás.

VI.

El cambio tecnológico en la agricultura de Tarrazú se desenvolvió como un proceso notoriamente desigual. No todos los campesinos adoptaron con éxito las innovaciones. Los agricultores más pudientes fueron quienes aplicaron con mayor regularidad e intensidad la tecnología derivada de la Revolución Verde. La tecnificación, por otra parte, se concentró sobre la producción de café. Las óptimas condiciones agroecológicas para su cultivo y el decidido apoyo estatal y cooperativo contribuyeron a que el grano modernizara sus técnicas de producción con mayor vigor que los granos básicos, la caña de azúcar y la ganadería. Las innovaciones afianzaron su capacidad para incrementar la productividad del trabajo y lo consolidaron como el principal eje de acumulación de la agricultura cantonal. La geografía, finalmente, ilustró el carácter diferenciado del cambio tecnológico. La difusión y la adopción de las nuevas variedades de cultivo y los insumos químicos se concentraron sobre las tierras de la Zona Intermedia. Las tierras altas y bajas del cantón sólo participaron marginalmente del proceso.

Entre los campesinos, el proceso fue excluyente, pero en un sentido dinámico. Los agricultores que primero adoptaron la tecnología fueron los más pudientes. Sin embargo, aquellos que carecieron de capital tenían formas alternativas para acrecentar sus ingresos y así poder acceder a las innovaciones, aunque de modo parcial. Para ellos, la tecnificación fue el vehículo que les permitió ascender en el umbral de la reproducción.

Entre 1950 y 1998, el cambio tecnológico intensificó el uso de los factores tierra y capital. Sus efectos fueron más complejos sobre el factor trabajo. En la fase de cosecha los mayores rendimientos incrementaron la demanda de mano de obra durante la recolección del grano. Empero, en la fase de cultivo las innovaciones no tuvieron efectos ahorrativos significativos sobre el factor en cuestión.

El acrecentamiento de los rendimientos por hectárea fortaleció la competitividad de los cafetaleros locales. Sobre todo entre los campesinos más pudientes, la superación del tope de las 40 fanegas por hectárea atenuó el efecto negativo provocado por el descenso de los precios internacionales del grano a partir de 1989.

El modelo expansivo-intensivo se presenta como una alternativa para que

los campesinos confronten los bajos precios del café en el mercado mundial. El modelo, sin embargo, es excluyente. Su puesta en práctica requiere de un margen mínimo de acumulación que no todos los productores disponen. En la actualidad, los agricultores de Tarrazú implementan variadas formas para reproducirse desde el punto de vista económico. Sin embargo, parece relativamente claro que ninguna de ellas está relacionada de manera exclusiva con la producción especializada del café en pequeña escala. 

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Media Highlights

"Jorge Luis Umana, the owner of coffee grower Beneficio Don Evelio,...has set up a company site, www.tarrazucafe.com. So far he's the only grower to do so.." ADAM PIORE, LAUREN WOLLKOFF Newsweek Magazine Journalists, January 29, 2001 issue.

"Tarrazu coffee growers, who produce some of the world's finest, high-elevation beans...now promote their high-quality crop on the Internet at www.tarrazucafe.com" CHRISTINE PRATT, The Tico Times,Aug 18th, 2000

Interview to one of our Costa Rica coffee farmers at Specialty Coffee Retailer Magazine

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