Tarrazú History after 1950 (In Spanish)
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Mr. Wilson Picado addresses a very important part of our
early coffee related history with the following paper.
"Cambio tecnológico y agricultura de ladera en las tierras
del suroeste de Costa Rica. 1950-1998."
Wilson Picado U.
V Congreso Centroamericano de Historia.
julio de 2000.
I.Esta es una ponencia sobre el cambio tecnológico
en la producción agrícola. Es el resultado preliminar
de un estudio mayor acerca de la transformación que experimentó
la agricultura del cantón de Tarrazú, al suroeste
de Costa Rica, entre 1950 y 1998. Su objetivo principal es caracterizar
el modo diferenciado como los campesinos locales adoptaron las innovaciones
técnicas derivadas de la Revolución Verde. En especial,
es un estudio sobre la tecnificación de la producción
cafetalera de Tarrazú en el período en mención.
Su estructura es simple. En el primer punto se describen las características
geográficas del cantón y en el segundo se revisa la
evolución de esta agricultura entre 1950 y 1970. En los puntos
tercero y cuarto se sintetizan los cambios ocurridos en los períodos
1970-1980 y 1980-1998. Como es la norma, en la última parte
se presentan las conclusiones del artículo.
II. Características generales de Tarrazú.
Las tierras de Tarrazú se localizan al suroeste de San José,
la capital de Costa Rica. Se ubican entre las coordenadas 09 36'
04'' latitud norte y 84 04' 00'' longitud oeste y abarcan cerca
de 237.23 km2. El cantón pertenece a la provincia de San
José y se divide administrativamente en los distritos de
San Marcos (60 por ciento de la población total), San Lorenzo
(al sur) y San Carlos, sobre las laderas del oeste.
Su geomorfología está constituida por dos unidades
principales. La unidad de Origen Tectónico y Erosivo y la
de Sedimentación Aluvial. La primera está compuesta
por dos subunidades: la Fila Brunqueña y la Cordillera de
Talamanca. La fila cubre los límites sur y oeste del cantón
y se caracteriza por presentar fuertes pendientes. Es un sector
muy lluvioso, con una precipitación anual que supera los
5000 m.m anuales. La Cordillera de Talamanca abarca el límite
norte y este del cantón en los sectores correspondientes
a los pueblos de San Pedro y Santa Rosa, respectivamente. En su
interior presenta valles profundos con laderas de fuerte pendiente
y divisorias angostas. La segunda unidad abarca el sector central
del cantón e incluye los pueblos de San Marcos, El Rodeo,
Guadalupe y San Lorenzo. La superficie es relativamente plana, afectada
por un microrelieve de viejos canales fluviales y su origen corresponde
al proceso de sedimentación generado por el río Pirrís
(Parrita). La precipitación de esta área se estima
entre los 1500 y los 2000 m.m anuales.
III. La década de los cincuenta: la transformación
de una agricultura orgánica.
En 1950, los campesinos de Tarrazú cultivaban sus tierras
bajo sistemas poco tecnificados y esencialmente orgánicos.
La labranza era un proceso rústico y tradicional que contrastaba
con los modos predominantes en las agriculturas del Valle Central
de Costa Rica. En los censos agropecuarios, las estadísticas
indicaban la ausencia casi total en el cantón de las innovaciones
derivadas de la Revolución Verde, aún en la producción
de café. En este cultivo, por ejemplo, mientras que en Tarrazú
se aplicaban abonos químicos en un cinco por ciento de las
fincas, a nivel nacional dicho promedio alcanzaba cerca del veinte
por ciento. El contraste era todavía mayor si se comparaba
el promedio cantonal con los promedios del cantón central
de Heredia y con Goicoechea (San José). En estos cantones
el 33 y el 46 por ciento de las fincas utilizaban fertilizantes
químicos en sus plantaciones.
La dotación de tecnología agrícola no era
más favorable. Únicamente el uno por ciento de las
fincas contaba con energía eléctrica y los equipos
de apoyo como tractores, arados de hierro y vehículos automotores
no superaban entre todos las doce unidades para unas quinientas
fincas. La carencia del utillaje técnico afectaba el incremento
de los rendimientos por hectárea en casi todos los cultivos.
El Censo Agrícola de 1955 comprobaba que Tarrazú tenía
rendimientos inferiores al promedio nacional en la producción
de granos básicos y café. Los rendimientos nacionales
en el maíz y el café se aproximaban a los 315 kilogramos
y las cinco fanegas por hectárea respectivamente, mientras
que en la región estos eran de 210 kilogramos y 2.66 fanegas.
Similares distancias prevalecían en la producción
de arroz y frijol, aunque en el último la desigualdad era
menos acentuada y suponía una diferencia de diez kilogramos
menos en el rendimiento cantonal con respecto al nacional (133.8
kilogramos).
En las plantaciones de café se ilustraba el estado teórico
en el que se encontraba la agricultura cantonal. Los sembradíos
del grano estaban compuestos en su mayoría por la variedad
arábigo. El tamaño de estas plantas (superior a los
dos metros) y el uso de árboles grandes para sombra como
el "guaba" (Inga spp) condujeron al manejo de densidades
de siembra muy bajas, casi siempre inferiores a las mil plantas
por hectárea. Los rendimientos por hectárea y la productividad
física del trabajo durante la cosecha también eran
modestos. Como lo indicaba simbólicamente un campesino, los
cafetales "...se dejaban a la mano de Dios" y pocas veces
producían más de ocho fanegas por hectárea
y sólo un buen peón cosechaba más de seis u
ocho cajuelas al día.
La producción era intensiva en el uso del factor trabajo.
El calendario anual de labores era amplio y dejaba pocos espacios
libres para un campesino que tuviese más de cinco hectáreas
sembradas. Apenas terminada la cosecha, en enero o febrero, los
agricultores efectuaban la "poda" o eliminación
de los tallos, para continuar en mayo con la limpieza de la sombra
("lumbrea") y cerrar con la "raspa" (o limpieza
del suelo) entre octubre y noviembre de cada año. Otras prácticas
se realizaban irregularmente. Estos eran los casos de la "media
luna" y la "gaveta tapada". La primera era común
encontrarla en las laderas más empinadas. La "gaveta
tapada" reproducía en forma natural la fertilidad del
suelo mediante la acumulación de abono orgánico proveniente
de la putrefacción de las malezas y las hojas acumuladas
en un hoyo. Era una práctica generalizada en el cantón
y algunas veces su función fertilizante se complementaba
con la distribución de las deyecciones del ganado entre las
plantas y de los restos de la caña molida ("bagazo")
traída desde los trapiches.
Los granos básicos y la ganadería se producían
bajo un modelo regionalizado. Los campesinos preferían sembrar
el maíz y los frijoles en las laderas montañosas del
sur de Tarrazú. Allí los bosques permitían
el desarrollo de barbechos más o menos largos, el suelo reproducía
naturalmente su fertilidad y los sembradíos deparaban rendimientos
por hectárea superiores a los obtenidos en las tierras centrales
del cantón (Zona Intermedia). Los ganaderos también
llevaban sus hatos a este sector, pues avanzando hacia el sur encontraban
mejores pastos que los de la Zona Intermedia. De esta forma, se
aseguraban no sólo una mejor nutrición para sus animales,
sino que además intensificaban el uso de sus tierras, mediante
el manejo de una carga animal por hectárea superior a la
unidad.
- Los momentos y las características del cambio tecnológico.
El cambio técnico se desarrolló en todo sentido como
un proceso desigual. Las nuevas variedades de cultivo y los insumos
químicos rompieron la imagen tradicional y orgánica
de la labranza campesina, pero lo hicieron de una manera diferenciada
a través del período. El incremento de los rendimientos
por hectárea y de la misma productividad del trabajo se lograron
de distintas formas entre los campesinos y sobre todo, en distintos
momentos.
Estas fueron diferenciaciones que surgieron de procesos económicos,
sociales y culturales complejos. La geografía, el poder adquisitivo
de los agricultores y su relación con las instituciones públicas
y privadas fueron variables que se correlacionaron continua y diferenciadamente.
En nuestro modelo explicativo, la incidencia de cada una de ellas
a menudo varió dependiendo del tiempo y del espacio. No obstante,
es hasta cierto punto claro que el factor económico se constituyó
en el eje dinámico de la desigualdad. Los primeros campesinos
que adoptaron las innovaciones y que obtuvieron los beneficios a
corto plazo fueron aquellos que contaron con un mayor poder adquisitivo.
Ellos fueron quienes dispusieron del capital suficiente para adquirir
por completo la tecnología, así como para mantener
su aplicación (o adopción) de un modo regular.
Este era el caso de los Cafetaleros con ganadería de la
Zona Intermedia. En 1955, éstos no representaban más
de un cinco por ciento de los campesinos del cantón, sin
embargo, mostraban características productivas que los distinguían
con notoriedad de los demás. Todos poseían vehículos
automotores, eran dueños de carretas y trapiches y algunos
incluso poseían sistemas propios de generación eléctrica.
Su poder adquisitivo estaba respaldado con la generación
de productos netos por hectárea superiores a los de la mayoría
de los agricultores de Tarrazú (Ver Gráfico 1). Sus
fincas, por otra parte, estaban ubicadas cerca de los centros urbanos
y en los sectores planos o con pendientes menos pronunciadas.
Ellos entraron en contacto con la tecnología de la Revolución
Verde desde los años cincuenta. En los primeros años
de la década, el Ministerio de Agricultura y Ganadería
(en adelante MAG) instaló una agencia de extensión
agrícola en el cantón y en conjunto con el STICA (Servicio
Técnico Interamericano) promocionaron las innovaciones en
boga. En las fincas de estos campesinos las entidades mencionadas
efectuaron las primeras siembras con variedades de café modernas
como el híbrido y se practicaron nuevos métodos para
"podar" las plantas. También incentivaron el uso
de los fertilizantes químicos y en menor medida impulsaron
el mejoramiento genético de los hatos de ganado vacuno.
El cambio tecnológico se concentró sobre sus plantaciones
de café. La ganadería quedó relegada a un segundo
plano. En el grano, las innovaciones alteraron el uso de los factores
de producción. El cultivo de la variedad híbrido acentuó
el aprovechamiento de la tierra gracias al manejo de densidades
de
Gráfico 1. Distribución del producto neto entre los
campesinos de Tarrazú en 1955 (Según muestra diseñada)
_____________________________________________________
____________________________
Simbología: I = Cafetaleros especializados, II = Productores
de granos y café, III = Productores de granos, IV = Productores
de granos, caña y ganadería, V = Cafetaleros con ganadería,
VI = Cafetaleros con ganadería de la Zona Intermedia, VII
= Productores policultivistas con ganadería, VIII = Ganaderos
especializados.
Fuente: cálculos personales a partir de la Base de datos
del Censo Agrícola de 1955 elaborada por la Escuela de Historia
de la Universidad Nacional.
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siembra de entre 1500 y 2000 plantas por hectárea. El uso
del factor capital se intensificó mediante el acrecentamiento
de los costos de producción por hectárea, ahora compuestos
en un porcentaje mayor por el gasto en agroquímicos. Los
efectos de los cambios sobre el factor trabajo fueron más
complejos. En la fase de cultivo no hubo variaciones significativas
sobre los requerimientos anuales de mano de obra en una hectárea
con café. La sustitución de la limpieza manual del
suelo por la química (herbicidas) conllevó un ahorro
de trabajo que fue balanceado parcialmente con el incremento de
los días requeridos para "podar" y "deshijar"
las plantaciones, dado el aumento del número de cafetos sembrados
por hectárea. Las laderas, por su parte, obstaculizaron la
aplicación de los fertilizantes químicos y atenuaron
el ahorro de días resultante de la supresión de prácticas
intensivas en mano de obra como la "gaveta tapada".
Por otra parte, el cambio tecnológico incrementó
la demanda de mano de obra durante la fase de cosecha. El cultivo
del híbrido y la fertilización química duplicaron
los rendimientos por hectárea con respecto a los vigentes
en los sembradíos de la variedad arábigo. Como se
detallará más adelante, este incremento fue porcentualmente
mayor al aumento de la productividad física del trabajo en
la cosecha, con lo cual se acrecentaron los requerimientos de mano
de obra para recolectar la producción de una hectárea
del grano. Esta demanda fue solventada en la contratación
de peones del mismo cantón y de otros provenientes de los
pueblos de Santa María de Dota.
La tecnificación aumentó la rentabilidad económica
de las plantaciones de café. La duplicación de los
rendimientos disparó hacia arriba el producto neto que se
extraía de una hectárea, a pesar del incremento de
los costos de producción derivado del gasto en agroquímicos.
Los calendarios de trabajo variaron poco y como consecuencia la
productividad del trabajo en un sembradío con la variedad
híbrido casi se duplicó en comparación a otros
donde predominaba el arábigo. (Ver Tabla 1)
Los campesinos menos pudientes tardaron diez o más años
en adoptar las innovaciones que los Cafetaleros con ganadería
de la Zona Intermedia implementaron desde los cincuenta. En los
primeros, el cambio tecnológico, además de tardío,
se mostró irregular y discontinuo. Los agricultores tenían
estrechos márgenes de acumulación y en consecuencia,
su capacidad de inversión era limitada y a veces ínfima.
Debe reconocerse que, a pesar de lo anterior, su modelo de tecnificación
se desenvolvió como un proceso dinámico y versátil,
donde en particular el apoyo institucional (estatal y privado) jugó
un papel de primer orden. Muchos de estos campesinos conocieron
las nuevas técnicas a través de la difusión
que realizaba la Agencia de Extensión Agrícola (MAG)
en alianza con el STICA. También mediante la participación
en las charlas masivas que estas entidades organizaban con la municipalidad
en el teatro o en el salón comunal del pueblo. Otros cuantos
recibieron asesoría técnica de los agrónomos
contratados por la cooperativa de productores de café. La
cooperativa, aparte de la extensión técnica, organizaba
giras con sus socios a regiones donde el cambio tecnología
mostraba sus efectos positivos, como era el caso de los cantones
cafetaleros de Heredia.
Tabla 1. Producto neto (pn) por hectárea y por día
de trabajo en la variedades arábigo e híbrido en Tarrazú
en 1955 (en colones de 1955).
________________________________________________________
variedad
pn/hectárea
pn/día de trabajo
arábigo
2513
18.8
híbrido
4711.8
36.8
__________________________________________________________
Donde:
Rendimientos por hectárea: arábigo=8 fanegas / híbrido=15
fanegas.
Precio de liquidación por fanega: 314.12 colones de 1955.
Cantidad de días al año requeridos por una hectárea
en 1955: arábigo=134 / híbrido=128.
El cálculo del pn en la variedad arábigo no toma
en cuenta el gasto en insumos químicos, pues se supone que
la producción era esencialmente orgánica.
Fuente: cálculos personales a partir de entrevistas realizadas
a agricultores del cantón. El precio de liquidación
fue extraído de las Memorias Anuales del Banco Nacional de
Costa Rica de los años 1955, 1956 y 1957.
__________________________________________________________
La difusión institucional fue correspondida con una actitud
abierta e inventiva entre los agricultores. Si su mayor limitación
era el estrecho poder de compra, en distintos momentos y bajo diferentes
formas, los mismos activaron estrategias con las cuales aumentaron
sus ingresos económicos. De esta forma, en sus fincas se
adoptaban cuando menos de manera parcial las innovaciones. Así
por ejemplo, los campesinos recurrieron al crédito formal
e informal para acrecentar los márgenes de inversión.
En los sesentas el mercado crediticio local era bastante amplio.
Entonces se podía obtener financiamiento en las Juntas Rurales
de Crédito, en la cooperativa, en el Beneficio de Tobías
Umaña y entre los prestamistas particulares del pueblo.
Otra modalidad consistía en vender temporalmente su mano
de obra. Los agricultores que contaban con espacios libres en los
calendarios anuales trabajaban por días en las fincas grandes
como la Hacienda de Tobías Umaña. Ellos se empleban
durante las épocas con "picos de trabajo", como
los meses en que se fertilizaba o se "deshijaba". Los
campesinos policultivistas, por su parte, tenían la exclusividad
de una tercera opción: la venta de dulce, granos básicos
y carbón en el mercado cantonal y regional. Al respecto,
"...la caña era un negocio malo", recordaba uno
de nuestros entrevistados, "...pero con ser de que era un negocio
malo, como uno no se ponía sueldo,.. vendía uno un
poquillo de dulce y eso le servía para asistir unas matas
de café y sembrar [ otras] "
Los ingresos adicionales mejoraron la dotación técnica
de los productores. No obstante, todavía eran insuficientes
para que su tecnificación fuera regular y plena. El modelo
de adopción asumió de esta manera, una dinámica
mixta. Los menos pudientes no resembraron por completo sus cafetales
con la variedad híbrido, sino más bien la entremezclaron
con la arábigo y paulatinamente aumentaron su cobertura.
Tampoco aplicaron las dosis recomendadas de agroquímicos,
sino más bien esparcían la mitad o la tercera parte
de los fertilizantes que los técnicos les indicaban. En los
momentos difíciles, como los años en que bajaban los
precios del café, los campesinos disminuían (o eliminaban)
la aplicación y muchas veces la sustituían por fertilizantes
orgánicos que compraban en el comercio local.
IV. La transición al modelo caturra durante la década
del setenta (1970-1982).
Entre 1950 y 1970, el aumento de los rendimientos fue el efecto
más evidente que produjo la adopción del cambio tecnológico.
El cultivo de las nuevas variedades y el uso de los insumos químicos
duplicaron tales promedios en la mayoría de las actividades
agrícolas de Tarrazú. En la caña de azúcar
y en el café provocaron aumentos del orden del 300 y del
150 por ciento, respectivamente. En el maíz y el frijol,
aunque la tecnificación fue marginal en comparación
al café, los acrecentamientos fueron significativos, pues
se acercaron al 80 y al 100 por ciento. Sin embargo, los datos agregados
resultaban parcialmente engañosos. La caña de azúcar
y los granos básicos aumentaron su producción por
hectárea, pero todavía no alcanzaban siquiera a los
promedios nacionales. En el maíz y el frijol, los rendimientos
cantonales eran entre un 20 y un 40 por ciento inferiores, mientras
que en la caña la producción por hectárea era
apenas una tercera parte del promedio nacional. En el mismo café
persistía una diferencia de un 20 por ciento entre el agregado
cantonal y el nacional.
En particular, los datos simplificaban la dinámica del cambio
técnico en la producción de café. La duplicación
de los rendimientos, de 6.6 fanegas a 15 fanegas entre 1963 y 1973,
escondía el modo excluyentemente dinámico como se
desenvolvió el proceso entre los campesinos. Como era obvio,
la información censal hablaba de aumentos de la producción
en un sentido lineal, pero no incluía los ascensos, las fluctuaciones
y las rupturas que se mostraron al interior de las fincas. Los censos
no daban cuenta de los distintos tiempos mediante los cuales se
desenvolvió el cambio tecnológico en la agricultura
cantonal.
1. Caturra y agroquímicos: la acentuación tecnológica
entre los Cafetaleros con ganadería de la Zona Intermedia.
En 1970 persistían las desigualdades en la dotación
tecnológica entre los campesinos de Tarrazú. Los agricultores
menos pudientes adoptaron de forma parcial e irregular las innovaciones
que los Cafetaleros con ganadería implementaron desde los
años cincuenta. El paisaje de las plantaciones de los primeros
era diverso y mixto. En los cafetales se denotaba la permanencia
de sistemas de cultivo tradicionales, como el uso de sombra con
árboles mayores y el cultivo de la variedad arábigo.
Estos elementos se combinaban en una misma parcela con la siembra
del híbrido y la fertilización química esporádica,
asimismo, con el uso de las terrazas en las laderas pronunciadas
y el incremento de la densidad de siembra. Las diferencias eran
mayores si se comparaba el estado técnico de los Cafetaleros
con ganadería con el de los campesinos residentes en las
zonas de las Tierras Altas, de Expansión del Café
y de las Tierras Bajas. Las tres zonas tenían agriculturas
poco modernizadas que continuaban siendo, en términos generales,
esencialmente orgánicas y manuales. La siembra de mejores
variedades y el uso de agroquímicos eran prácticas
que sólo las aplicaban los agricultores más capitalizados.
El resto de campesinos se mantenía al margen de la tecnificación.
En 1975, la mayoría de los Cafetaleros con ganadería
adoptaron la variedad caturra y ampliaron el paquete de insumos
químicos. Estas dos variaciones estaban altamente interrelacionadas.
El caturra, de porte más pequeño que el arábigo
y el híbrido, permitió una duplicación y casi
una cuadruplicación de las densidades de siembra por hectárea
de sus predecesoras . El cultivo de la variedad conllevó
el aumento de las dosis aplicadas de químicos sobre los sembradíos.
Las características biológicas de las plantas exigieron
que los campesinos fertilizaran tres veces al año los cafetales.
También requirieron de mayores cuidados fitosanitarios mediante
la distribución de los plaguicidas y de los fungicidas.
Estos cambios se desarrollaron de manera paulatina. Sus efectos
a corto plazo fueron el aumento de los rendimientos por hectárea
y el crecimiento de la productividad física del trabajo de
cosecha. El rango de variación del rendimiento del caturra
se sitúo entre las 30 y las 40 fanegas por hectárea,
con lo cual superaba en tres y en dos veces los márgenes
promedio del arábigo y del híbrido. La productividad
en cuestión, por su parte, se incrementó en una tercera
parte con relación al promedio vigente para las plantaciones
con arábigo.
El desenvolvimiento diferenciado de ambas productividades implicó
el acrecentamiento de la demanda de mano de obra durante la cosecha
del grano. El Gráfico 2 resume los cálculos realizados
con datos promedio para cada variedad y tomando al arábigo
como base (base = 100). Su observación evidencia que el porcentaje
de aumento de los rendimientos por hectárea entre éste
(arábigo), el híbrido y el caturra fue siempre superior
al porcentaje referido a la productividad física del trabajo.
Tal relación determinó que la curva de la necesidad
de mano de obra por hectárea se mostrará siempre creciente
en el plano.
Las mayores cosechas fueron recogidas utilizando mano de obra del
cantón y de los pueblos de Santa María de Dota. Posteriormente,
en las grandes fincas como la Hacienda de Tobías Umaña
se fueron incorporando recolectores de café procedentes de
los cantones de Pérez Zeledón y Coto Brus, al sur
del país. Estas eran familias que inmigraban temporalmente
a Tarrazú para los meses de cosecha, entre diciembre y febrero.
Su presencia en el cantón, desde el punto de vista teórico,
era más que significativa. Era una prueba de la elevada posición
que ocupaban los campesinos más pudientes de Tarrazú
en el umbral regional de la reproducción. El cambio tecnológico
no sólo resaltaba sus diferencias con el ámbito interno,
sino que también las extendía hacia el ámbito
regional e incluso nacional.
Gráfico 2. Estimación comparada de los rendimientos
por hectárea, la productividad física del trabajo
(cosecha) y los requerimientos de mano de obra durante la cosecha
en tres variedades de café (Tarrazú)
_________________________________________________________
__________________________________________________________
Donde:
arábigo
híbrido
caturra
rendimiento (kgs/ha)
2000
5000
8750
productividad física del trabajo de cosecha (kgs/día)
100
187.5
250
requerimiento de trabajo en la cosecha (días-hombre/ha)
20
27
35
Fuente: cálculos personales a partir de entrevistas realizadas
a productores del cantón.
___________________________________________________________
Las innovaciones no alteraron en mayor medida la demanda
de mano de obra en la fase de cultivo. Como sucedió con el
híbrido en los cincuentas y sesentas, la adopción
del caturra y el mayor uso de los químicos variaron en forma
moderada los calendarios de trabajo. Sus efectos fueron más
evidentes sobre los factores de la tierra y el capital. Las plantaciones
de la nueva variedad eran más densas y los campesinos incrementaron
sus costos de producción como resultado del mayor gasto en
agroquímicos y de las depreciaciones derivadas de la adquisición
de herramientas y equipo agrícola.
La tecnología reafirmó la tendencia creciente de
la productividad del trabajo. Los agricultores consolidaron su poder
adquisitivo e incluso lo ampliaron durante las épocas de
precios altos en el café, como la extraordinaria coyuntura
de 1976-1979 . La década de los setenta para estos campesinos
fue un período de expansión en todo sentido: su dotación
técnica se acrecentó y se consolidó, mientras
que sus plantaciones, además de intensificarse desde el punto
de vista tecnológico, se agrandaron con rapidez.
El café se constituyó en su eje de acumulación.
El grano consolidó su aporte mayoritario sobre los ingresos
totales y acaparó por lo tanto, los mayores porcentajes de
inversión en tecnología y trabajo. La ganadería
se mantuvo como una actividad complementaria. Los campesinos mejoraron
la composición genética de los hatos de un modo lento
e irregular y sólo en casos aislados se preocuparon por sustituir
los pastos locales con variedades mejoradas. No todos manejaban
sistemas de rotación de los potreros, mientras que la nutrición
con alimentos concentrados y la vacunación no eran prácticas
que los campesinos aplicaran sistemáticamente.
2. Las migraciones internas: expresiones de la desigualdad del
cambio tecnológico.
En los años setenta, la tecnificación local se presentaba
como un proceso discontinuo y diacrónico. En esa década,
en menos de 300 km2 coexistían tres modos diferentes de producir
la tierra. En términos simplificados, desde el punto de vista
técnico eran tres realidades circundantes entre sí,
pero algunas veces marcadamente distintas. Cada una de ellas correspondía
con grupos de campesinos que evolucionaran de modo diferenciado
desde la llegada de las primeras innovaciones en la década
del cincuenta.
Primero sobresalía la realidad de los sistemas de cultivo
quimizados. Estos eran propiedad de los Cafetaleros con ganadería
y se ubicaban casi todos en fincas cercanas a los principales núcleos
urbanos del cantón, como San Marcos y San Lorenzo. Los hemos
descrito con amplitud en las páginas anteriores. Su tecnificación
fue temprana con respecto al ámbito cantonal. En poco más
de veinte años transformaron sus técnicas de producción,
dando el salto desde un modelo tradicional (el arábigo) a
otro quimizado (el híbrido) y finalmente al modelo caturra,
donde se acentuaron las innovaciones del segundo modelo. La transición
fue intensa y les permitió acrecentar su productividad del
trabajo con cierta rapidez. Como consecuencia, se impulsaron hacia
arriba en el umbral de la reproducción y se colocaron en
una posición favorable con respecto al resto de los caficultores
cantonales e incluso regionales.
La segunda realidad era la de los campesinos que adoptaron la tecnología
de un modo irregular y con una tardanza de diez o más años
con relación a los anteriores productores. Esta era una realidad
compuesta por agricultores de todo tipo. Se destacaban desde pequeños
cafetaleros especializados (-cinco hectáreas) hasta otros
que producían el grano junto a la caña, el maíz
y los frijoles y hatos de ganado no mayores a las diez cabezas.
En su mayoría se trataba de residentes de la Zona Intermedia
quienes se involucraron en la tecnificación gracias a la
difusión estatal y cooperativa. Los resultados que obtuvieron
con el cambio técnico también eran diversos. En algunos
casos fueron positivos y provocaron que los campesinos se especializaran
por completo en el cultivo del café y desestimaran la producción
de las otras actividades. En otras situaciones, la dispersión
esporádica de los abonos químicos y la sustitución
lenta de las plantas de arábigo retardaron los beneficios
derivados del incremento de su productividad del trabajo. Muchos
de estos agricultores mantuvieron sus sistemas policultivistas y
los reforzaron como una manera no sólo de alcanzar una ocupación
plena de su mano de obra, sino que también de diversificar
sus ingresos y no depender con exclusividad del café.
La tercera era la realidad marginal del cambio tecnológico.
La misma estaba conformada por campesinos procedentes de todas las
zonas, pero principalmente de las zonas de Expansión del
Café, Intermedia Quebrada y de las Tierras Bajas. Sus técnicas
de labranza eran manuales y orgánicas. No utilizaban insumos
químicos y atendían plantaciones con variedades de
cultivo tradicionales tanto en el café como en los granos
básicos y la caña de azúcar. Su atraso tecnológico
debe reconocerse, estaba relacionado en alguna medida a su contexto
geográfico. Estas eran tierras poco aptas para el café,
cultivo sobre el cual giró la tecnificación local.
Todavía allí los bosques eran extensos y los campesinos
podían reproducir la fertilidad de una forma natural mediante
el desarrollo de sistemas de barbecho. Sus pastos estaban siempre
verdes pues la precipitación anual superaba con facilidad
los 3000 m.m. Ni los abonos químicos ni las semillas mejoradas
de pasto aparecían como innovaciones inducidas por el medio.
Pero también hubo en factor de tipo institucional. Estas
zonas fueron poco visitadas por los técnicos del MAG y de
la cooperativa. Los malos caminos y las mismas condiciones agroecológicas
atrás mencionadas obstaculizaron la extensión técnica
y motivaron que ésta se concentrara sobre la Zona Intermedia.
Ahora bien, ¿cuáles fueron las consecuencias sociales
y económicas que se derivaron de la existencia de estas realidades?
Dicho en un sentido más específico, ¿cómo
se manifestaron tales realidades sobre la estructura social y económica
del cantón?
La tecnificación de la agricultura de Tarrazú, en
especial la cafetalera, se desarrolló como un proceso excluyentemente
dinámico. Entre los años cincuenta y sesentas, los
agricultores que adoptaron las innovaciones de forma más
temprana y exitosa fueron aquellos que disponían de un mayor
poder adquisitivo. Esto quedó comprobado con la caracterización
de los Cafetaleros con ganadería de la Zona Intermedia. Pero
la carencia de capital no obstaculizó por completo la modernización
de los campesinos menos pudientes. En estas décadas, los
mismos implementaron diversas estrategias con el objetivo de acrecentar
sus ingresos. Exitosamente, aunque de un modo tardío y en
ocasiones irregular, mediante la tecnología incrementaron
su productividad de trabajo y mejoraron su posición en el
umbral de la reproducción con respecto a su ubicación
diez o veinte años atrás, cuando manejaban sistemas
de cultivo orgánicos.
El capital se constituyó en un elemento impulsor del cambio
tecnológico. Pero no fue un factor que excluyera mecánicamente
del proceso a aquellos que lo dispusieron sólo en acervos
medianos o reducidos. Debe reconocerse sin embargo, que no todos
los campesinos poco pudientes lograron atenuar su carencia de capital
mediante las estrategias antes mencionadas. Muchos de ellos adoptaron
la tecnología de un modo marginal y no alcanzaron los rendimientos
requeridos para elevar su productividad del trabajo. Otros, en una
situación extrema, se estancaron en los sistemas de cultivo
tradicionales y llegaron a la década de los setenta con rendimientos
por hectárea de la mitad o menos que los vigentes en los
sistemas quimizados.
La tecnología para ellos no fue una herramienta para ascender
en el umbral de la reproducción. La mayoría de estos
agricultores optaron por la emigración como una ruta para
mejorar su posición socioeconómica. Fueron ellos los
que nutrieron los flujos emigratorios que se dieron en Tarrazú
durante la década de los setentas. La instalación
en la ciudad, generalmente San José, la capital de Costa
Rica o la compra de tierras en el sur del país eran estrategias
algunas veces drásticas o simplemente opcionales para mejorar
el futuro económico de sus núcleos familiares.
En el Censo de Población de 1973 se daba cuenta de estos
migrantes. Según las estadísticas, en el periodo de
1968 y 1973 salieron de Tarrazú 1.333 personas, cerca de
un diecisiete por ciento de la población total en 1973. Esta
cantidad era el triple del numero de inmigrantes que llegaron el
cantón durante el mismo lapso. El grueso de los emigrantes
se dirigieron hacia San José (capital) y Cartago. Otro tanto
emigró hacia Pérez Zeledón y Coto Brus, en
la zona sur de Costa Rica. El resto de los migrantes se esparcieron
por todo el país: desde aquellos que se trasladaron al interior
de la misma región de los Santos, hasta los que alcanzaron
las tierras de la costa del Pacífico.
La dinámica migratoria rural-urbana tomó las características
típicas del fenómeno en el resto de los países
latinoamericanos. Los campesinos viajaron a las ciudades para insertarse
en el mundo laboral de la industria y en menor medida de los servicios.
La rural-rural, por su parte, era un tanto más compleja.
La migración era asumida por los agricultores de diversas
formas. Para un pequeño productor poco capitalizado (dos
o tres hectáreas con café) la instalación en
la periferia de Pérez Zeledón, por ejemplo, era la
oportunidad para comprar una propiedad más grande que la
de Tarrazú, dada la diferencia en los precios de la tierra
entre ambos lugares. Esa misma adquisición para un mediano
productor (cinco o seis hectáreas con café) era la
vía mas sencilla para agrandar territorialmente sus posiciones
y así propiciar sistemas de herencia favorables al interior
de su familia. Finalmente, el diferencial de precios le ofrecía
a los campesinos desposeídos la ruta más factible
para adquirir tierras, aun cuando las mismas estuvieran ubicadas
en las regiones más alejadas e indómitas del sur de
Costa Rica.
La expansión del café: la evolución de la
agricultura cantonal durante los últimos veinte años
1980-1998.
Entre 1950 y 1984, el paisaje de Tarrazú se transformó
de un modo progresivo. En los años ochenta los cafetales
se expandieron por toda la Zona Intermedia y avanzaron hacia las
laderas de la Zona Intermedia Quebrada. El empuje del grano era
evidente. En solo veintiún años, entre 1963 y 1984,
el cultivo casi dobló el tamaño de sus plantaciones
al pasar de unas 900 hectáreas a poco más de 1700.
También eran más los campesinos que lo cultivaban.
En el mismo período la cantidad de fincas productoras del
grano aumentó de 480 a 887.
Los cafetos ocupaban antiguos sembradíos de granos básicos
y de caña de azúcar. El crecimiento cafetalero contrastaba
con la evolución mostrada por estos cultivos. En 1984, la
caña se producía sólo en un centenar de fincas
y no cubría mas de cien hectáreas. En el mismo año,
el maíz y los frijoles se cultivaban en unas trescientas
fincas pero los dos sumados no abarcaban más de quinientas
hectáreas de sembradíos.
En la década de los ochenta la producción se regionalizó,
tal y como se daba treinta años atrás con los sistemas
de cultivo orgánicos. Los pastos y los cafetales predominaron
en las tierras de las zonas Intermedia, de las Tierras Altas y de
Expansión del Café. En ellas se insertaban pequeños
cañales junto a las casas de habitación, además
de los charrales y tacotales que crecían en las laderaras
más empinadas. El cultivo del maíz y del fríjol
se trasladó hacia la Zona de las Tierras Bajas y el suroeste
de la Zona Intermedia Quebrada. Allí era difícil reconstituir
naturalmente la fertilidad del suelo, pues los campesinos habían
deforestado casi por completo la región. No obstante, aún
los suelos no estaban tan degradados como los de la Zona Intermedia
y la producción de los granos brindaba rendimientos cuando
menos superiores al promedio cantonal.
La dinámica geográfica de la producción estaba
correlacionada con el cambio tecnológico. El decrecimiento
territorial de los granos y de la caña era
correspondiente con el estancamiento (o la disminución)
de sus rendimientos por hectárea entre 1973 y 1984. En estos
cultivos, los agricultores adoptaron las innovaciones de una forma
irregular, pues prefirieron invertir en la tecnificación
del café. Ninguna de ellos les produjo incrementos de su
productividad del trabajo como lo hizo el grano y como consecuencia,
poco a poco redujeron su presencia territorial dentro de las fincas.
A partir de este momento, el costo de oportunidad jugó un
papel determinante en la evolución de la agricultura en Tarrazú.
1. La década del ochenta y del noventa: los años
de la expansión del café.
Entre 1974 y 1995 no parece existir correlación alguna entre
el crecimiento de la producción de café en Tarrazú
con la dinámica nacional ni la evolución de los precios
internacionales del grano (Ver Gráfico 3). Mientras que en
los dos últimos se muestra una tendencia al estancamiento
y al decrecimiento respectivamente, en el primero el comportamiento
es notoriamente alcista. Para dar un ejemplo, en los años
posteriores a la crisis de los precios en 1989 (1989-1994) la producción
cantonal se acrecentó en más de cien mil fanegas.
En la larga duración las diferencias también eran
diferentes. Entre las cosechas de los años 1974-1975 y 1992-1993
mientras que la producción nacional se duplicó, en
Tarrazú la misma prácticamente se sextuplicó.
- Las características de la expansión: ¿hacia
adónde? ¿quiénes? ¿cómo? y ¿por
qué?
El crecimiento de los cafetales se desarrolló junto a la
implementación de cinco variaciones fundamentales en los
sistemas de cultivo. A saber: primero, los campesinos ampliaron
su paquete químico, pues no sólo aplicaban los fertilizantes
y los herbicidas, sino que también generalizaron el uso de
los funguicidas, los nematicidas y la cal. Luego sustituyeron los
sistemas de sombra con musáceas y árboles grandes
por otros que utilizan distintas variedades de poró (Eritrina
poeppigiana). El uso de árboles de menor cobertura como la
variedad mencionada
Gráfico 3. Crecimiento porcentual de los precios (dólares
constantes) y la producción de café en Costa Rica
y Tarrazú entre 1974 y 1995 (1974=base 100).
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Fuente: Producción de café: ICAFE. Precios: Commodity
Trade and Price Trends y Banco Mundial.
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posibilitó un incremento de las densidades de siembra, sobre
todo en los sitios menos quebrados: en algunos casos, no generalizables
a todo Tarrazú, tal promedio superó las cuatro mil
plantas por hectárea. El cuarto cambio fue el cultivo de
la variedad Costa Rica 95 en los sectores más altos del cantón
(arriba de los 1800 m.s.n.m.) principalmente en aquellos donde la
nubosidad era casi permanente y las temperaturas eran menores a
la media cantonal. Finalmente, los campesinos generalizaron el uso
de las terrazas en las laderas pronunciadas. Dicha practica mejoró
la productividad física del trabajo en la fase de cultivo
y de cosecha e incrementó con moderación las densidades
de siembra en las secciones más empinadas.
- Los frentes de expansión: el ejemplo de la Zona de Expansión
del Café.
El grano se extendió con mayor fuerza hacia el sur del cantón.
La Zona de Expansión del Café constituye, por así
decirlo, la materialización de dicho proceso. Como se detalla
en el Mapa 1. la misma se extiende desde el limite sur de las zonas
Intermedia e Intermedia Quebrada hasta las partes más elevadas
de la Zona de las Tierras Bajas. Es un frente de terrenos muy quebrados,
hasta hace pocos años dominados por los pastizales (altos
y bajos), los charrales y los tacotales.
No todos los agricultores participaron (participan) de este proceso.
En dicha zona, la siembra de los nuevos cafetales estuvo en manos
de los agricultores con los ingresos mas altos del cantón
y en menor medida, de aquellos que se ubicaban en posiciones intermedias.
Muchos de los campesinos más pudientes son descendientes
de los Cafetaleros con ganadería que se tecnificaron desde
la década de los cincuenta. Otros son cafetaleros que se
expandieron de manera extraordinaria durante la década de
los ochenta y que hoy en día se encuentran al tope de la
estructura social del cantón. Otros que nutren la expansión
son campesinos que emigraron temporalmente a los Estados Unidos
de América o bien que todavía residen allá.
Para ellos la estadía en Norteamérica constituyó
la oportunidad para acumular un pequeño capital e invertirlo
en la compra de tierras en Tarrazú. El éxito de la
migración consolidó la posición económica
de algunos, pero a otros, originalmente pobres, los impulsó
hacia al ascenso en el umbral de la reproducción.
No todos estos campesinos acrecentaron sus cafetales de la misma
forma. Los menos pudientes lo hicieron de manera paulatina, pues
generalmente compraron pequeñas parcelas con charrales y
tacotales. Poco a poco limpian los terrenos, los preparan y los
siembran de cafetos. La expansión entre los campesinos ricos
es más acentuada y lejos de darse mediante el cultivo de
terrenos reducidos (una o dos hectáreas) ocurre con base
en la incorporación anual de parcelas superiores a las tres
hectáreas. Sus nuevos sembradíos, además de
extensos, son trabajados con el paquete químico completo
y con todas aquellas recomendaciones técnicas que le aseguren
al agricultor un desarrollo vigoroso de las plantas.
2. ¿Expansión del café en medio de precios
decrecientes?
El Gráfico 4. representa la evolución del Producto
Bruto (pb) y del gasto en agroquímicos por hectárea
en Tarrazú entre 1950 y 1998. Tomando en cuenta que está
construido con base en datos promedio, de su lectura pueden desprenderse
las siguientes observaciones. Primero, a largo plazo, la productividad
económica (medida a partir del saldo pb-agroquímicos)
de una hectárea de café en Tarrazú en 1993,
disminuyó con relación a 1980, 1974 e incluso 1955.
En valores constantes de 1989, sólo se mantuvo equivalente
a una hectárea sembrada con la variedad arábigo bajo
un manejo de la producción enteramente orgánico.
Segundo, existen dos razones fundamentales que explican este decrecimiento.
Primero, a lo largo del período el gasto en agroquímicos
se acrecentó continuamente, empujando hacia arriba los costos
de producción. En efecto, mientras que en una plantación
con híbrido de la Hacienda de Tobías Umaña
en 1960, por ejemplo, se aplicaban no más de diez quintales
de abono, en los noventa un cafetalero especializado (tres hectáreas)
de la Zona de Expansión del Café aplicaba cerca de
75 quintales anuales. Tercero, es evidente también que la
reducción del saldo pb-agroquímicos estaba estrechamente
ligado al descenso comparado de los precios internacionales del
grano. En dólares constantes, el precio del café en
1992, por ejemplo, representaba poco menos de una quinta parte de
los vigentes en 1950 y 1955. Asimismo equivalía a un 36.6
y un 27.7 por ciento de las cotizaciones establecidas en 1974 y
1980.
Gráfico 4. Evolución del producto bruto y del gasto
en agroquímicos por hectárea en Tarrazú entre
1955 y 1993 (en colones constantes de 1989).
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Donde:
El producto bruto para cada modelo fue calculado con base en los
siguientes rendimientos por hectárea (en fanegas): arábigo=8,
híbrido=15, caturra=30, caturra/catuaí=45.
Los precios de liquidación de 1950 y 1955 se extrajeron
de las Memorias Anuales del Banco Nacional de Costa Rica y de entrevistas
con los productores. Los correspondientes a 1974, 1980 y 1993 del
Departamento de Liquidaciones del Instituto del Café.
Los precios de los agroquímicos en 1955 se obtuvieron de
fuentes orales. Los de 1974 de Marín, Edgar "Costos
de producción en la zona de Aserrí, Dota, León
Cortés y Tarrazú". Departamento de Estudios Técnicos
y Diversificación de la Oficina del Café. San José,
Costa Rica, 1974. Los costos en agroquímicos de 1980 también
provienen del ICAFE y los de 1993 de: Fonseca, Jorge "Planeamiento
estratégico Subregión Los Santos". Centro agrícola
Cantonal de Tarrazú, julio de 1993. Los costos en mención
se refieren al nivel tecnológico más alto del cantón.
Fuente: cálculos personales.
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Ahora bien, estas disminuciones no conllevaron a contracciones
equivalentes en el saldo pb-agroquimicos. En 1993, para citar un
caso, este saldo era un 30 por ciento inferior al de 1980, aunque
como se dijo, entre los dos momentos la diferencia de precios era
casi un 70 por ciento. Tal atenuación ocurrió gracias
a que el periodo en mención la finca modelizada incrementó
sus rendimientos por hectárea en un 30 por ciento, aproximadamente.
En esta situación, el éxito en la adopción
de la tecnolog¡a se constituyó en un elemento de contención
para los agricultores ante una tendencia a la baja del valor real
de sus producciones.
Cuarto, en un sentido indirecto se puede afirmar que a través
del período también decreció el producto neto
por hectárea. Esto por cuanto en 1993 la depreciación
de los equipos ténicos (herramientas, edificaciones o vehículos
automotores) tenía un peso porcentual mayor en los costos
de producción que en los años anteriores. Es decir
que, si el margen de ganancia por hectárea disminuyó
en términos del saldo pb-agroquimicos, es de suponer que
dicha contracción sería mayor si se toman en cuenta
las depreciaciones señaladas. Quinto, a partir de 1990 la
expansión de las plantaciones constituye una estrategia para
solventar parcialmente la reducción de los márgenes
de ganancia por hectárea. Esto es, que los productores para
mantener cierto promedio de ingresos requieren de una mayor cantidad
de tierras cultivadas que las requeridas, por ejemplo, una década
atrás. Esta dinámica es entonces, el principal factor
que explica el crecimiento continuo de las áreas cafetaleras
en Tarrazú durante los noventa.
Este factor, sin embargo, tiene una doble funcionalidad. Su existencia
no solo permite entender la expansión del grano en manos
de los productores descritos en las paginas anteriores, sino que
también ayuda a comprender las razones por las cuales campesinos
poco capitalizados le venden sus tierras a los primeros y propician
así, la expansión de éstos. Puede decirse entonces,
que la contracción de los márgenes de ganancia por
hectárea conlleva dos dimensiones distintas pero complementarias
entre sí. Por un lado provoca que los campesinos más
pudientes acrecienten sus cafetales para nivelar sus ingresos económicos
con respecto a años con precios en promedios mayores. Por
el otro, conduce a que agricultores con pocas perspectivas de crecimiento
(propiedades con menos de tres hectáreas, rendimientos inferiores
a las 30 fanegas por hectárea) opten por vender sus tierras
para dedicarse a actividades comerciales en pequeña escala
(el comercio detallista, por ejemplo), se transformen en asalariados
(agrícolas o en el área de los servicios) o
bien combinen alguna de las anteriores alternativas con las rentas
que generen los depósitos bancarios.
- ¿Otras alternativas de producción para los campesinos
menos pudientes?
Para cafetaleros mediana y altamente capitalizados con más
de diez hectáreas en producción, la expansión
de las plantaciones representa una vía para atenuar la tendencia
decreciente que experimentan los precios del grano desde 1989. Este
acrecentamiento, en combinación al sostenimiento de rendimientos
por hectárea superiores a las cuarenta fanegas, les ha permitido
mantener su posición económica e incluso elevarla
en el umbral de la reproducción.
La expansión no constituye una alternativa factible para
los campesinos menos pudientes. Para contrarestar el impacto del
descenso de los precios, tal y como se cita en el Gráfico
5., es necesario que los productores agranden sus plantaciones en
más de un 50 por ciento. Esto parece bastante difícil
que ocurra entre cafetaleros que apenas superan el umbral de la
acumulación o incluso entre aquellos que presenten márgenes
mínimos de acumulación. Esto debido sobre todo, al
aumento que experimentaron los precios de la tierra durante los
últimos años. En 1998, por ejemplo, una hectárea
cultivada con café en la Zona Intermedia superaba los cuatro
millones de colones. Este es un valor altamente variable, pues la
presión que genera la expansión cafetalera aquí
descrita es extraordinaria y da pie para que los campesinos especulen
abiertamente con los precios.
Gráfico 5. Producto bruto (pb) por hectárea en dos
años con precios diferenciados: caso Tarrazú 1986-1992.
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Donde:
En las situaciones 1 y 2 rige un rendimiento por hectárea
de 35 fanegas. En la situación 3: 45.
En colones de 1989, los precios de liquidación por fanega
corresponden a: 1986 = 3449.4 / 1992 = 2079.3.
Situación 1: el producto bruto en 1986 es un 40 por ciento
superior al de 1992, debido al diferencial de precios.
Situación 2: en 1992 para igualar el pb por hectárea
de 1986, un agricultor debe acrecentar su plantación en un
60 por ciento y mantener rendimientos en los nuevos sembradíos
de 35 fanegas por hectárea (modelo expansivo).
No parece factible igualar los índices exclusivamente a
través de un incremento de la producción por hectárea,
pues esto implicaría manejar rendimientos superiores a las
50 fanegas. Es consecuente suponer que los trastornos climáticos,
entre otros factores, obstaculizarán cualquier intento por
sostener la productividad sobre dicho nivel. Por otra parte, en
Tarrazú una eventual intensificación de la producción
(tecnificación) conllevará tres inconvenientes fundamentales.
Primero, la agricultura de ladera tiene una limitación definida
para el aumento de la densidad de siembra por hectárea. Segundo,
una densidad de siembra sobre las 4000 plantas por hectárea
puede favorecer la propagación de enfermedades y plagas entre
los cafetos. Tercero, si se incrementa la aplicación de agroquímicos
por hectárea (fertilizantes, sobre todo) más allá
de las dosis recomendadas puede originarse un ciclo de rendimientos
decrecientes de cada insumo utilizado.
Situación 3: la combinación de un acrecentamiento
del 20 por ciento de la plantación con el incremento de un
30 por ciento de los rendimientos equipara los productos brutos
(modelo expansivo-intensivo).
Fuente: Departamento de Liquidaciones del ICAFE.
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La intensificación en el uso de los factores productivos
tampoco resulta una estrategia suficiente. En el anterior gráfico
se detallan algunos inconvenientes técnicos subyacentes a
la misma. Pero deben agregarse además, las limitaciones financieras
inherentes. En 1993, según los datos de un consultor en la
región, el costo del paquete químico completo requerido
por una hectárea representaba cerca de la mitad del nivel
de necesidades básicas vigente para dicho año.
Las estrategias para confrontar la baja de los precios se presentaron
en un sentido excluyente. El modelo expansivo-intensivo de los productores
más capitalizados no era generalizable. El mismo requería
de un nivel de inversión que difícilmente podían
alcanzar campesinos poco pudientes, propietarios de explotaciones
cafetaleras de reducido tamaño (- tres hectáreas,
por ejemplo). En este sentido, el contexto económico cantonal
limitaba las rutas para que éstos lograran su reproducción
ampliada mediante la especialización cafetalera, tal y como
lo hicieron sus padres o hermanos veinte o treinta años atrás.
VI.
El cambio tecnológico en la agricultura de Tarrazú
se desenvolvió como un proceso notoriamente desigual. No
todos los campesinos adoptaron con éxito las innovaciones.
Los agricultores más pudientes fueron quienes aplicaron con
mayor regularidad e intensidad la tecnología derivada de
la Revolución Verde. La tecnificación, por otra parte,
se concentró sobre la producción de café. Las
óptimas condiciones agroecológicas para su cultivo
y el decidido apoyo estatal y cooperativo contribuyeron a que el
grano modernizara sus técnicas de producción con mayor
vigor que los granos básicos, la caña de azúcar
y la ganadería. Las innovaciones afianzaron su capacidad
para incrementar la productividad del trabajo y lo consolidaron
como el principal eje de acumulación de la agricultura cantonal.
La geografía, finalmente, ilustró el carácter
diferenciado del cambio tecnológico. La difusión y
la adopción de las nuevas variedades de cultivo y los insumos
químicos se concentraron sobre las tierras de la Zona Intermedia.
Las tierras altas y bajas del cantón sólo participaron
marginalmente del proceso.
Entre los campesinos, el proceso fue excluyente, pero en un sentido
dinámico. Los agricultores que primero adoptaron la tecnología
fueron los más pudientes. Sin embargo, aquellos que carecieron
de capital tenían formas alternativas para acrecentar sus
ingresos y así poder acceder a las innovaciones, aunque de
modo parcial. Para ellos, la tecnificación fue el vehículo
que les permitió ascender en el umbral de la reproducción.
Entre 1950 y 1998, el cambio tecnológico intensificó
el uso de los factores tierra y capital. Sus efectos fueron más
complejos sobre el factor trabajo. En la fase de cosecha los mayores
rendimientos incrementaron la demanda de mano de obra durante la
recolección del grano. Empero, en la fase de cultivo las
innovaciones no tuvieron efectos ahorrativos significativos sobre
el factor en cuestión.
El acrecentamiento de los rendimientos por hectárea fortaleció
la competitividad de los cafetaleros locales. Sobre todo entre los
campesinos más pudientes, la superación del tope de
las 40 fanegas por hectárea atenuó el efecto negativo
provocado por el descenso de los precios internacionales del grano
a partir de 1989.
El modelo expansivo-intensivo se presenta como una alternativa
para que
los campesinos confronten los bajos precios del café en
el mercado mundial. El modelo, sin embargo, es excluyente. Su puesta
en práctica requiere de un margen mínimo de acumulación
que no todos los productores disponen. En la actualidad, los agricultores
de Tarrazú implementan variadas formas para reproducirse
desde el punto de vista económico. Sin embargo, parece relativamente
claro que ninguna de ellas está relacionada de manera exclusiva
con la producción especializada del café en pequeña
escala.
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